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martes, septiembre 14, 2010

Los ataques a la prensa, los medios y el sentido del escándalo

Los medios de comunicación son un campo en disputa y, especialmente en un país como Chile, pecan por omisión las defensas corporativas. Es como ser humano –no como periodista- que cabe repudiar el ataque sufrido este 11 de septiembre por integrantes de la prensa, los que, de paso, son inconmensurablemente más importantes que la quema de una cámara o la rotura del vidrio de un vehículo.

Al mismo tiempo, cabe preguntarse lo que debido al silencio de esos mismos canales, la señora Juanita no se ha preguntado: por qué fue justo este año, y no otro, que un grupo de manifestantes se ensañó con estos móviles y por qué, en medio de la batahola, uno de ellos se dio el tiempo para escribir en el blanco inmaculado de una camioneta “la prensa miente”.

Separando las cosas, habría que decir que el interés noticioso de los canales es por los ataques que ellos recibieron y no por los ataques a la prensa en general. En caso contrario, habría muchos minutos de televisión para Marcelo Garay, el periodista de Radio Nuevo Mundo que a la misma hora de los incidentes del Cementerio General fue detenido por confusos cargos vinculados con su cobertura de la huelga de hambre mapuche, lo cual tiene un notorio tufillo a acto persecutorio. Y nada de eso salió en ninguno de los noticiarios.

Para explicar el por qué, esta columna debe mostrar la cocina del funcionamiento de los medios. Durante esta semana de bicentenario, los 32 comuneros en huelga de hambre se acercan al día 70 de su ayuno. El día 1 de este suceso, el equipo profesional del que participo –la Radio Universidad de Chile- se enteró de esta situación de un modo sencillo: llegó a nuestras oficinas un comunicado de prensa, el mismo que simultáneamente llegó a todos los canales, radios y diarios de nuestro país.

Dada la evidente importancia de la noticia, cumplimos con el deber de informar. Así continuamos, prácticamente solos, recibiendo informaciones todos los días y refiriéndonos a ellas según su mérito. Al cabo de algunas semanas, se hizo evidente que el silencio generalizado de canales, diarios y la mayoría de las radios sólo pudo deberse a un plan tácitamente orquestado de desinformación a la opinión pública.

Es manifiesto que en este caso han recaído sobre los medios de comunicación, y más específicamente sobre los periodistas, presiones provenientes de sectores políticos y empresariales tendientes a propiciar una construcción noticiosa de la realidad funcional a sus intereses. El ejercicio periodístico en Chile está fuertemente afectado por criterios que impiden hablar con honestidad intelectual de un espíritu de cuerpo, aunque los medios deban responsabilizarse de lo de que emiten y lo que callan.

Por lo mismo, esos 50 días de ocultamiento respecto a la huelga de hambre mapuche serán recordados como uno de los episodios más negros de la historia del periodismo chileno, sólo comparables con capítulos vergonzantes protagonizados por cierta prensa durante la dictadura militar.

La indiferencia del Gobierno y de la clase política, que fue reemplazada por una reacción demasiado tardía, fue posible gracias a la negligencia de esos medios respecto a la vida de 32 personas. Por lo mismo, les cabe responsabilidad en cualquier hecho trágico que pueda producirse.

Dicho de otro modo, cuando un silencio pone en riego la vida de seres humanos, cabe preguntarse qué adjetivo calificativo debe acompañar a ese silencio.

Los manifestantes que atacaron a un grupo de periodistas y a sus móviles cometieron un acto inaceptable, puesto que aunque están mejor informados que el común de los chilenos, las emprendieron contra el último eslabón de una cadena de poder. Habría que agregar además que fueron torpes si pretendieron que su acto delictual fuera leído “políticamente”.

Pero, si de actos inaceptables se trata, los mismos canales deben explicar por qué callaron. Por qué no han explicado al país que aplicar justicia militar y ley antiterrorista a los mapuches por delitos a la propiedad es considerado una aberración por todos los organismos internacionales pertinentes.

Estos medios son responsables de que el país pierda el sentido del escándalo. Y en esa pérdida está el germen de todas las injusticias que amparamos, perpetramos y seguiremos perpetrando colectivamente.

¿Por qué fue el ataque entonces?

Patricio López es periodista Radio Universidad de Chile

Artículo original

1 comentario:

  1. Anónimo5:32 p.m.

    Porque un grupo organizado para el terrorismo comete actos terroristas por definición, aunque sea quemar un kiosco de diarios.

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ACLARACION: Este blog no es antiperuano ni nacionalista chileno. Este blog simplemente recopila y (a veces) comenta sobre artículos recopilados en la prensa nacional y mundial y que involucran a Chile. Si parece "cargado" hacia Perú, simplemente, es resultado de la publicación constante -y obsesiva- en ese país de artículos en que se relaciona a Chile. Así también, como ejemplo opuesto, no aparecen articulos argentinos, simplemente, porque en ese país no se publican notas frecuentes respecto Chile. Este blog también publica -de vez en cuando- artículos (peruanos o de medios internacionales) para desmitificar ciertas creencias peruanas -promovidas por medios de comunicación y políticos populistas de ese país- sobre que Perú ha superado el desarrollo chileno, lo que es usado en ese país para asegurar que Chile envidia a Perú y que por eso buscaría perjudicarlo. Es decir, se usa el mito de la superación peruana y la envidia, para incitar el odio antichileno en Perú.