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domingo, agosto 07, 2011

Tentaciones populistas en Chile

Patricio Navia es experto en leyes electorales y un reconocido analista político chileno. Es columnista en el diario La Tercera y la revista Capital en Chile. Es profesor en la New York University y en la Universidad Diego Portales. Además, es miembro del Consejo Académico de Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina)

El gobierno del presidente Sebastián Piñera no pasa por un buen momento. Las encuestas muestran que su aprobación apenas llega al 30%, con más de 60% de rechazo. Las calles del centro de Santiago se han convertido en lugar preferido de marchas que al menos una vez a la semana reúnen centenares de manifestantes. Algunas marchas a favor de reformas que mejoren la calidad y el acceso a la educación han convocado decenas de miles de personas. Pero la gente que exige al gobierno cumplir sus promesas de campaña sobre protección al medioambiente, derechos para las minorías sexuales o más acceso a la educación superior se ha convertido en el centro de la noticia. La prensa habla de un creciente malestar e incluso algunos han llegado a decir que Chile ya tiene a sus propios indignados.

Hace dos semanas, el presidente realizó un cambio de gabinete, incorporando conocidos líderes políticos de la UDI, el partido más conservador de la Alianza, la coalición derechista que llegó al poder de la mano de Sebastián Piñera en marzo de 2010. Piñera, un militante de Renovación Nacional, el partido más moderado de la Alianza, logró llegar a La Moneda gracias a sus promesas de cambio en un contexto general de continuidad y al énfasis que puso en privilegiar una buena gestión gubernamental. Los chilenos, satisfechos con los éxitos alcanzados durante los 20 años de gobiernos de la centroizquierdista Concertación, se animaron a llevar al poder al primer presidente derechista en 50 años precisamente porque Piñera era mucho más moderado que derechista.

Pero después de 16 meses en el poder, Piñera debió abandonar su proyecto de gobernar con técnicos que privilegiaran la gestión por sobre el manejo político. La baja popularidad del oresidente evidenciaba el agotamiento de un modelo que demostró ser mucho menos eficiente de lo que había prometido Piñera. El entusiasmo inicial del nuevo gobierno le terminó por pasar la cuenta. Después de haber dicho al inicio de su gobierno que lo que otros (la Concertación) no habían podido hacer en 20 años, su gobierno lo había logrado en 20 días, La Moneda ahora se excusa por sus errores de gestión aludiendo a los desafíos de la reconstrucción y al haber estado 20 años fuera del poder. Al ser incapaz de materializar su promesa de eficiencia, Piñera se quedó sin "relato" de gobierno -palabra que popularizó, hace un par de meses, en una descarnada crítica, el senador Pablo Longueira, líder indiscutido de la UDI.

Con un gobierno debilitado e impopular, los movimientos sociales no tardaron en salir a la calle a expresar sus demandas. Mientras más protestas en las calles, más se debilitaba el gobierno y más caía su popularidad. Arrinconado por los movimientos, Piñera optó por abandonar su diseño tecnocrático de gobierno y cedió a las presiones de la UDI, incorporando al gabinete reconocidos políticos que iniciaron sus carreras bajo el paraguas de la dictadura militar. El intento por fundar una nueva derecha -basada en la tecnocracia y la buena gestión- dio paso a un esfuerzo por rescatar al crecientemente impopular gobierno de Piñera con el ingreso en masa de la UDI al gobierno.

El nuevo ministro de Economía, Pablo Longueira -el mismo de las críticas sobre el relato- no ha perdido tiempo en convertirse en la estrella del nuevo gabinete. Locuaz y profundamente mediático, se ha alzado como una especie de primer ministro de facto, opinando sobre temas que competen a otras carteras e imponiendo sus propios temas en la agenda del gobierno. Junto al popular ministro de Obras Públicas, y ex Ministro de Minería, Laurence Golborne (que pronto liderará las ceremonias del primer aniversario del accidente de los 33 mineros), Longueira ya aparece como una carta presidencial del gobierno.

Sorpresivamente, algunos de los temas que ha puesto Longueira en la agenda política han sorprendido al sector empresarial, que se creía especialmente cercano al gobierno. Usando una mezcla de discurso populista, de capitalismo popular y promoción de una cancha pareja donde todos puedan competir, Longueira las ha emprendido contra la excesiva concentración en distintos mercados, incluido el eléctrico, y ha iniciado acciones legales contra empresas del retail que, de acuerdo a la oficina nacional del consumidor (ente semi autónomo dependiente del Ministerio de Economía que dirige Longueira), han re-pactado ilegalmente deudas de sus clientes morosos.

Junto al cambio de gabinete -y a los nuevos temas en defensa de la clase media y contra los abusos empresariales que ha puesto Longueira en la agenda- el propio presidente ha dado un marcado giro a la izquierda. Piñera ha denunciado las profundas desigualdades que existen en Chile. El gobierno ha especulado con la posibilidad de una reforma tributaria que ayude a reducir la desigualdad. Como respuesta a los movimientos estudiantiles que exigen mejoras en la calidad de la educación, el gobierno ha anunciado un nuevo plan que implicaría un aumento en gasto educacional superior al 1% del PIB.

Cualquier observador extranjero pensaría que el gobierno pretende dar un radical giro a la izquierda para mejorar su nivel de aprobación. Naturalmente, la Concertación -todavía golpeada por su derrota en diciembre de 2009- se ha apresurado a moverse todavía más a la izquierda. Si el gobierno promete más gastos y subsidios, la Concertación contraoferta programas sociales todavía más ambiciosos y costosos.

Esa lucha por aparecer como el más preocupado por reducir la desigualdad y distribuir mejor los beneficios del crecimiento y del desarrollo ha gatillado una serie de promesas que rayan en el populismo. El gobierno ha prometido aumentar el gasto sin explicar adecuadamente de dónde obtendrá los recursos. La sospecha de que los excedentes del cobre se usarán para financiar gasto permanente genera dudas sobre la sustentabilidad de muchos de los programas sociales ahora anunciados. Las cuentas fiscales, tradicionalmente ordenadas y responsablemente manejadas por administraciones anteriores, están sufriendo la presión de un gobierno que cree que para mejorar sus niveles de aprobación debe comenzar a abrir la billetera.

Las próximas semanas serán claves para dirimir la dirección que tomará el gobierno de Piñera ahora que se ha sumado con fuerza el liderazgo de la UDI y que el ex senador Pablo Longueira se ha posicionado como un superministro en el nuevo gabinete. Las promesas de aumento de gasto e inversión estatal, y las sospechas de que se viene una reforma tributaria alimentarán las dudas sobre la capacidad del Presidente Piñera para resistir a las tentaciones populistas que ya se materializan en la cotidianeidad política chilena.

Artículo original

1 comentario:

  1. Anónimo8:42 p.m.

    Camila Vallejo ! futura presidenta de la republica 2014 !! , mas inteligente y preparada , que el 99% de los Parlamentarios actuales de ambas camaras . Para que hablar de marepoto !

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ACLARACION: Este blog no es antiperuano ni nacionalista chileno. Este blog simplemente recopila y (a veces) comenta sobre artículos recopilados en la prensa nacional y mundial y que involucran a Chile. Si parece "cargado" hacia Perú, simplemente, es resultado de la publicación constante -y obsesiva- en ese país de artículos en que se relaciona a Chile. Así también, como ejemplo opuesto, no aparecen articulos argentinos, simplemente, porque en ese país no se publican notas frecuentes respecto Chile. Este blog también publica -de vez en cuando- artículos (peruanos o de medios internacionales) para desmitificar ciertas creencias peruanas -promovidas por medios de comunicación y políticos populistas de ese país- sobre que Perú ha superado el desarrollo chileno, lo que es usado en ese país para asegurar que Chile envidia a Perú y que por eso buscaría perjudicarlo. Es decir, se usa el mito de la superación peruana y la envidia, para incitar el odio antichileno en Perú.