La producción de alimentos insignia de la Argentina, como carne, trigo y leche, entró en una fase crítica. Además de la amenaza de perder exportaciones, la posibilidad de tener que comenzar a importarlos es un fantasma que crece día a día. Las oportunidades derrochadas y sus consecuencias económicas
En momentos de bonanza económica -cuando el viento de cola parecía ser prácticamente una ventaja comparativa natural del "made in Argentina" y no una variable fortuita-, el país no paró de batir récord de exportaciones de la mano de los excelentes precios internacionales.
En este favorable contexto de los últimos años, el único alerta que hacían los especialistas era el de la excesiva "commoditización" del comercio exterior argentino. En otras palabras, la fuerte dependencia de los ingresos por ventas al mundo en las materias primas.
Agotado el viento que empujaba desde la popa el destino de empresas y productores argentinos, las voces de alerta que se multiplican ahora, en cambio, encienden la luz de alarma por el fenómeno de "descommoditización" que envuelve al país.
En efecto, a partir de un cóctel que combinó la peor sequía en cincuenta años, tensiones políticas e incertidumbre por problemas internos y externos, la Argentina es testigo de cómo se desploman los saldos exportables de numerosos productos considerados "estratégicos" para la economía nacional, dada su vinculación con el ingreso de divisas y, lo más importante, por su fuerte presencia en la mesa de los consumidores argentinos.
Así, además por la preocupación que genera a nivel fiscal el continuo recorte de la producción sojera, hay una "trilogía" en decadencia que construye la dolorosa metáfora de un granero del mundo que lentamente se vacía. La misma está conformada por la carne, el trigo y la leche.
En algunos de estos sectores la pérdida de los saldos exportables es ya una realidad, mientras que en otros es una posibilidad latente. Sin embargo, lo que más preocupa es que la Argentina deba a recurrir a proveedores mundiales para compensar un déficit impensado hace poco tiempo atrás.
¿Una nueva oportunidad perdida?
Previo al análisis de la situación que atraviesa cada sector productivo, y de las verdaderas chances que existen de que cada una de éstos no pueda garantizar la demanda local, analistas consultados por iProfesional.com destacaron en primer lugar la dramática oportunidad perdida en momentos en que comienza a hablarse con más fuerza de la recuperación de la economía mundial, principalmente de países emergentes del sudeste asiático.
En diálogo con este medio, el analista internacional Jorge Castro sostuvo que "es dramático que se hable de la posibilidad de que la Argentina en 2010 tenga que importar trigo, carne y tal vez lácteos. Más teniendo en cuenta la recuperación mundial que tendrá lugar a partir del último trimestre".
Para el director del Instituto de Planeamiento Estratégico, "el hecho de que el precio de las commodities, principalmente agrícolas, estén recuperándose muestra que se retoma la tendencia de fondo del mercado mundial en lo que se refiere al aumento de la demanda de alimentos y que llevó a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación a prever que durante los próximos 20 años la demanda mundial de alimentos se va a duplicar".
De este modo, Castro aseguró que "es realmente conmovedor e incomprensible ver que en la Argentina, que es uno de los tres países en el mundo en condiciones de duplicar su provisión de alimentos al mercado global y de manera inmediata, se esté haciendo exactamente lo contrario de la tendencia de fondo de la economía mundial".
En la misma línea, Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional, aseguró que "estamos perdiendo una gran oportunidad, porque según la FAO uno de los rubros que más posibilidades tiene de crecimiento de cara al futuro es lácteos, por la incorporación de nuevos consumidores, principalmente de Asia, donde la crisis no golpeó en toda su magnitud".
Por su parte, el economista Pablo Rojo, aseguró a iProfesional.com que "esta situación crítica en carne, trigo y leche es una consecuencia de la política agropecuaria del Gobierno de los últimos 24 meses. Se está cosechando lo que se sembró".
Para el director de Río Bravo Inversiones, el principal error que se cometió es que "se aplicó una presión impositiva excesiva sobre un amplio abanico de sectores. Esto determinó que algunas producciones no resulten viables, como el trigo, y directamente se abandonen".
A su turno, el economista Juan Carlos de Pablo aseguró que "estos alimentos ya no son productos estratégicos desde el momento en que el Gobierno comenzó a hacer todo lo posible para que los importemos".
"Acá hay una puja fenomenal que no se termina entendiendo, donde se mezcla la política, el clima y la bronca. Mientras, perdemos negocios", disparó.
Al respecto, Ochoa agregó que "estamos tirando años de trabajo en diversificación y apertura de mercados. Las embajadas hicieron bastante para incentivar la exportación de productos agropecuarios a todo tipo de destinos".
La radiografía productiva de la polémica
El abanico de alimentos afectados por la merma en la producción es sumamente amplio e incluye a otras commodities como la soja y el maíz. Sin embargo, a la hora de definir las urgencias, trigo, carne y leche conforman la agenda del momento, por su implicancia en el consumo interno.
Trigo: ¿regresa la importación después de más de 50 años?
Una semana antes de que desde Confederaciones Rurales Argentinas alertaran que la Argentina iba a quedar sin saldos exportables de trigo, iProfesional.com había publicado las estimaciones de la corredora de cereales Artegran, que alertaban que el país tendría que recurrir en 2010 al cereal de EE.UU., Canadá o Ucrania para abastecer el mercado local.
En efecto, a fuerza de incertidumbre y problemas climáticos, la superficie a cultivar, que determinará en gran medida la producción final de trigo, no para de decrecer: de las 4,5 M de hectáreas cubiertas durante el ciclo anterior, se pasaría a unas 3,5 M según la Sociedad Rural (SRA), es decir, el área más baja del último siglo.
Con un rendimiento menor a los 2.000 kilos por hectárea, similar al de la última campaña de trigo, la producción final sería menor a las 7 M de toneladas, con lo cual se acercaría a la "delgada línea roja" de las 6,5 M que requiere el consumo interno.
Sin embargo, ante las malas perspectivas para el cultivo, para César Gagliardo, presidente de Artegran, la cosecha se enfrentará a una pésima performance, con lo cual, "vamos con rumbo perfecto hacia las 5 M de toneladas y vamos a tener que salir a buscar en el exterior", recalcó el especialista.

Se trata de un producto clave que en 2008 generó ingresos de divisas por unos u$s2.500 millones. Sin embargo, "mi preocupación no es que no podamos cumplir con Brasil. Hoy lo que alarma es pensar que no vamos a tener trigo para nosotros", recalcó en diálogo con iProfesional.com.
Para comprender cómo es que se llegó a esta situación, más allá de la histórica sequía, en el congreso "A todo trigo", que se realizó la semana pasada en Mar del Plata, especialistas alertaron que en las últimas dos campañas los productores de esta commoditie perdieron de ganar $2.900 M, que se redistribuyó a favor de exportadores y molinos.
Esta cifra es producto de una larga serie de políticas de desincentivo al sector: aplicación de derechos de exportación, restricciones a la exportación desde mayo de 2006 y aplicación de los Registros de Operaciones de Exportación por parte de la ONCCA.
Esto provocó la virtual destrucción de los mercados de futuros y, por ende, el desacople de los precios que recibe el productor (que pasaron a ser magros, aún en momentos de bonanza) a pesar de las excelentes cotizaciones internacionales.
Según Gagliardo, la pérdida de saldos exportables y la posibilidad de tener que importar "tiene un efecto espantoso en toda la economía". En este contexto, para el especialista "la señal más clara que hay que dar no es bajar las retenciones, es directamente eliminarlas, así como también suprimir cualquier registro para poder exportar".
Carne: adiós a la época de vacas gordas
El primero en arrojar la piedra fue el presidente de la SRA, Hugo Biolcati, quien sostuvo que "es una realidad" que la Argentina tendrá que empezar a importar carne a partir de 2010".
Al respecto, destacó que la escasez "en 2010 se empezará a notar" pero que "en 2011 será peor" y "será imposible frenar la importación, porque no se puede hacer milagros y que nazcan más terneros. Lo que nació, nació, y más no va a haber".
En diálogo con iProfesional.com, el presidente de la Asociación de Productores Exportadores Argentinos (APEA), Javier Martínez del Valle, fue más cauto y, si bien desestimó que la Argentina tenga que comprar carne afuera, sí destacó que "va a haber menos producción, el consumo se va achicar y va a haber suba de precios".
El dirigente se quejó de que "sufrimos dos años consecutivos de sequía, hubo falta de tacto, se redujo la cantidad de terneros logrados y los productores liquidaron hacienda, principalmente hembras. Esto sí o sí va a repercutir en la producción de carne".

De este modo, si bien la Argentina no tendría que importarla, habría dos efectos sumamente negativos: se podría perder un negocio que el año pasado dejó más de u$s800 millones por ventas al mundo y, además, la escasez podría generar problemas del tipo social, según alertaron desde el sector.
En efecto, el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), Dardo Chiesa, sostuvo que "para la próxima primavera puede faltar carne" en los mostradores" y un aumento de precios, lo que "podría llegar a producir un conflicto social, porque la gente va a querer consumir carne y no va a poder hacerlo".
¿Cómo es que se llegó a esta situación mientras Brasil pasó de ser "el país de la carne dura" al mayor exportador en el mundo? De acuerdo a un informe de la Cámara de Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA), varias son las causas que anticipan el ocaso de la carne argentina en las góndolas del mundo:
-Reducción de las existencias vacunas, producto de una faena récord, apoyada en la de la falta de estímulo para invertir en la cría de ganado.
-Liquidación de vientres, que permite un alto nivel de producción de carne vacuna, lo que se torna insostenible en el mediano plazo.
-Identificación de la exportación como mercado competitivo del consumo interno y no complementario, lo que lleva a establecer trabas crecientes para exportar productos cárnicos, desalentando el desarrollo armónico de ambos mercados y la mayor generación de valor.
Efectos del desincentivo a la producción
Las consecuencias de esto se tradujo en que, según un informe de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), "el país perdió en estos últimos tres años por la mala política ganadera un total de $ 14.536 millones".
Lo que se conoce como "liquidación de vientres" por falta de rentabilidad generó que, desde 2006 se dejaran de producir 4.171.416 cabezas de ganado.
"Si evaluamos la pérdida de carne por no tener estos terneros, el país dejó de producir 750.854 toneladas, que hubieran alcanzado para alimentar a otras 10 millones de personas durante un año", explicaron desde CRA.
Como conclusión, Chiesa aseguró que "desde 2005 se viene manoseando al mercado". Luego, agregó que "revertir la actual tendencia llevará de tres a cuatro años" y que "la medida principal para iniciar ese proceso es "desregular el mercado".
La verdad láctea
La leche es un producto fundamental en la dieta argentina y un importante generador de divisas, con más de u$s800 millones en exportaciones el año pasado. Sin embargo, desde 2002 la Argentina no paró de perder tambos.
En efecto: el censo oficial realizado en 2002 determinó que en el país operaban 15.000 establecimientos. Desde ese entonces, más de 4.000 debieron cerrar sus puertas, con lo cual hoy quedan operativos unos 10.200, según estimaciones del sector.
El propio ministro de la Producción de Santa Fe, Juan José Bertero, afirmó recientemente que en la provincia hay unos 50 establecimientos en liquidación.
En este contexto, el gerente de la Asociación de Productores de Leche de la República Argentina, Manuel Ocampo, confirmó que en la Argentina "continúan los remates" y que "el sector está absolutamente mal, en una situación crítica. El Gobierno, con su intervención, se encargó de complicar la situación de muchos productores".
Para graficar la situación que atraviesan, el directivo destacó que "hace diez años que la Argentina no crece en la producción de leche".
En 2008 se produjeron 9.900 M de litros, por debajo de los 10.329 M logrados nueve años atrás. Y para 2009 se espera una baja de 100 M, tendencia que podría profundizarse de manera alarmante el año próximo.
"Esto es inédito. En la Argentina sucede todo lo contrario de lo que pasa en China, que multiplicó su producción por cuatro, o en otros mercados como Nueva Zelanda, Brasil, Uruguay o Chile. Somos es el único país con potencial que no crece", disparó Ocampo.
Frente a este panorama, iProfesional.com le preguntó sobre si verdaderamente existía riesgo de demandar leche del exterior, a lo que el especialista aseguró que "no hay riesgo de que tengamos que importar, pero si sigue la actual política para el sector, lo más probable es que en dos años perdamos todos los excedentes y no podamos exportar nada".
En la misma línea, Guillermo Giannasi, coordinador de la Comisión de Lechería de Federación Agraria, también vaticinó que "en 2011 la Argentina no va a poder exportar más. Hoy la producción está estable, pero con la sequía y los altos costos, en 2010 vamos a empezar a notar de lleno la caída de la producción".
Al enumerar las causas que llevaron a esta situación, Giannasi destacó que el efecto negativo de los bajos precios en el mercado interno, que son "una distorsión generada por la Secretaría de Comercio, debido al cierre parcial de las exportaciones en 2008, lo que agrandó el excedente de producción".
Además, destacó que "se obligó a las grandes empresas a vender en el mercado interno a un precio muy bajo" y que "los costos de producción superan ampliamente el valor que se obtiene por litro de leche, a pesar de que el precio que paga el consumidor en góndola permite mejorar sustancialmente el valor percibido por el productor".
Ante esta situación, Ocampo lamentó que "hoy nosotros casi no existimos en el mundo, ya que tenemos entre el 3 y 4% de las exportaciones mundiales". Aunque sostuvo que lo más lamentable es que "estamos produciendo exactamente la mitad del potencial que tenemos, que es de 19.000 millones de litros anuales".
El indeseado efecto derrame en otros sectores de la economía
Si la Argentina pierde las exportaciones de esos tres sectores implicaría que dejen de ingresar divisas por más de u$s4.200 M.
Sin embargo, este no es el efecto más duro, ya que hay todo un entramado productivo detrás de cada una de estas commodities.
Según Ochoa, "estamos ante un problema de descapitalización que impacta en la inversión y un problema de caída del nivel de gasto en ciudades del interior. Entonces, derrochamos oportunidades en el mercado externo y nos enfrentamos además a un problema serio desde el punto de vista interno, ya que vamos a empezar a tener problemas en la absorción de mano de obra y esto va a generar migraciones internas, con todo lo que eso implica desde el punto de vista social y de seguridad".
En la misma línea, Gagliardo aseguró que "con que un productor deje de plantar 400 hectáreas de trigo esto implica que no llame a gente para que fumigue, no moviliza camiones con fertilizantes y no mueve, en definitiva, el circuito comercial y financiero de cada pueblo".
Por su parte, Pablo Rojo destacó que "perder producción es destruir también el sector de los servicios: desde el que siembra, hasta el que levanta la cosecha, así como veterinarios y proveedores de insumos. Es enorme la cantidad de gente que trabaja alrededor de estas producciones. ¿Vamos a dejar que todo esto desaparezca?".
Sobre este punto, el presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA), José María Alustiza, sostuvo a iProfesional.com que "nosotros tendríamos que estar vendiendo maquinaria para siembra de grano fino, pero en este momento no estamos vendiendo nada".
"El productor se decidió a no sembrar o restringir el cultivo. Por eso no hay ventas, no hay encargos, ni pedidos de presupuesto. El futuro de esta industria metalmecánica es muy difícil", se lamentó.
Crecimiento a la brasileña
A modo de conclusión, Jorge Castro aseguró que "no hay que buscar enseñanzas en lugares distantes, fijémonos en lo que está haciendo Brasil".
Según el director del Instituto de Planeamiento Estratégico, hay que replicar su modelo, ya que "están colocando sus ventajas comparativas en materia de producción de alimentos con la tendencia de fondo de la economía mundial".
"No se requiere una política sofisticada para tomar un camino como el que encararon nuestros vecinos. Sólo debemos mirar cuál es la ley de gravedad económica de la época, y la realidad es que el mundo va a demandar cada vez más alimentos", aseguró.
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