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sábado, junio 11, 2011

Family Offices Administran Más de US$30.000 Millones en Chile

Son más de 100 los Family Offices que operan en el país, de los cuales un 95% corresponden a Single Family Offices (SFO), siendo el resto Multi-Family Offices (MFO).

El monto mínimo administrable es, a la fecha, de US$1 millón, mientras que sólo hace un par de años se empinaba sobre los US$50 millones.

Es un fenómeno que se inició en Europa, entre la realeza, y que hoy genera alta adhesión entre los empresarios. Es que el creciente patrimonio de los grupos empresariales nacionales, gracias al buen ritmo de marcha de la economía en Chile, la fuerte liquidez y el afán de profesionalizar la gestión de sus dineros a largo plazo y sus sistemas de herencia, han llevado a que los Family Offices proliferen en el país.

Según cifras de la propia industria, estas entidades administran más de US$30.000 millones en Chile, considerando patrimonios superiores a US$1 millón, donde el 40% de lo invertido está colocado fuera del país. Hace un par de años, la base de los patrimonios que administraban los Family Offices no bajaba de los US$50 millones. Hoy son más de 100 las que operan a nivel local, de los cuales un 95% corresponden a Single Family Offices (SFO), siendo el resto Multi-Family Offices (MFO).

En esa línea, unas 30 a 35 familias en el país tienen, individualmente, más de US$100 millones en activos líquidos invertibles, y que en forma combinada totalizan unos US$25.000 millones en este ítem.

Cabe señalar que los activos líquidos invertibles son el dinero neto que tienen las familias, que no incluyen lo inmobiliario, ni las posiciones controladoras en compañías.

“Si el corte se hace en US$20 millones, la riqueza administrable es de unos US$37.000 millones. Hacia fines de 2009 eran US$32.000 millones”, indica Federico Muxi, socio y managing director de The Boston Consulting Group.

Y es más, si se toma como base el mínimo administrable actual –US$ 1 millón– el mercado para estas entidades supera las 1.000 familias.

El Fenómeno

“De US$50 millones hacia arriba en patrimonio son las clásicas familias que utilizan Family Offices, pero como el tema se ha ido masificando, ha habido una especie de ‘chorreo’ y se ha bajado la base cotidiana”, señala Gonzalo Jiménez, director del Centro de Empresas Familiares Albert von Appen de la Universidad Adolfo Ibáñez.

En tal sentido, si se considera US$50 millones como base patrimonial, existen unas 75 familias por encima de ese rango.

Y en los últimos años, ha habido una apreciación importante de la riqueza a nivel país, la rentabilidad se ha elevado de manera importante, y se han concretado ventas de participaciones accionarias en varias empresas, por lo que los Family Offices prometen seguir arremetiendo fuerte. “El ritmo de crecimiento de esta riqueza administrada es de entre un 8% y 12% anual”, dice Muxi.

De hecho, aunque Chile tiene un mercado más pequeño que Brasil y México en términos de riqueza, es de más rápida expansión.

En consecuencia, la administración de la riqueza de las familias más acaudaladas es cada día más compleja, porque es multigeneracional. Y si delegan esta gestión en un banco de inversión, pueden sentir que no necesariamente “puede ser independiente, al estar tentado de ofrecer los productos de la entidad”, advierte Muxi.

Los Single

Una de las categorías más antigua y numerosa en los Family Offices son los SFO –aquí predominan patrimonios de más de US$50 millones–, los cuales son armados por el propio grupo empresarial, y generalmente trabajan integrantes de la familia y asesores financieros en él, como oficina de estudios. A veces, es la misma matriz de inversiones del holding, como es el caso de Quiñenco de los Luksic o AntarChile de Angelini, o bien otra sociedad creada para tal efecto.

En lo anterior, está la llamada fuerza de la “Unión”, donde los grupos tienen políticas claras de participación, explica Jiménez. Pero el fenómeno más interesante se da en que muchas ramas familiares individuales de los holdings están empezando a armar su propia SFO.

“En este escenario predominan situaciones ambiguas, ya que a veces hay patriarcas poco claros en sus políticas, o incluso, amenazantes en sus decisiones. Acá uno solo tiene el dominio, por lo que el resto, apenas puede, empieza a armar su Family Office particular. Esto disgrega el patrimonio”, relata Jiménez.

Asimismo, un actor de este mercado agrega que “la persona puede tener muy alto patrimonio, pero nadie garantiza que sus hijos sean tan capaces para administrar el dinero de forma efectiva. Con lo que un SFO evita problemas entre hermanos o futuras generaciones”.
O también, si es que la rama es madura, donde el ejemplo más contundente se da en los hermanos Felipe y Nicolás Ibáñez, “quiere tener lo suyo, por supuesto, y administrarlo directamente”, afirma Jiménez.

En cuanto a estructura, “están los más simples, que tienen un asesor de inversiones, y utilizan el aparataje de la empresa. Luego, vienen los más complejos, formando equipos, con una cabeza que mueve el negocio, hasta llegar a los que construyen una estructura independiente”, describe Jiménez.

Los Multi

Si bien los MFO formales no son más de cinco en Chile –entre ellos AD Capital, Capital Advisors, y Alcalá Inversiones–, la tendencia de éstos es creciente. En principio –entre 2004 y 2005– la banca de inversión los vio como competidores directos –una “amenaza”–, pero luego notaron que eran interlocutores válidos del empresario, y que facilitaban los acuerdos entre las partes. Principalmente, se ubican patrimonios menores a US$50 millones.

“Tiene dos o tres ejecutivos de inversión, con amplia experiencia en el mercado, y una estructura de back office, que pueden ser entre cinco a diez personas. Típicamente, asesora a la familia en materia de inversiones, se encargan de la parte operativa y gestionan las relaciones con los bancos o corredoras de Bolsa”, precisa Muxi.

Cristián Steffens, director de AD Capital –que administra US$1.500 millones a 12 clientes–, comenta que “la administración tradicional de los dineros no tiene una relación cercana con el cliente y desconocen cuántos son sus activos totales, viniendo los MFO como la solución”.

Las personas que han obtenido recursos en el mercado de capitales no necesitan MFO, porque conocen bien el sistema. Así que “vienen por la consolidación de algunos sectores, que han ido dejando gente con mucha liquidez, como es el caso de SMU, que ha efectuado unas 50 adquisiciones en los últimos años”, asevera Steffens.

Empresarios que nunca habían tenido una caja de US$1 millón o hasta US$20 millones, entonces, buscan un MFO. “Se forma una cercanía muy grande con ellos, formamos parte de su estructura, y en algunas ocasiones participamos en las instancias familiares de decisión, participando incluso en los directorios”, manifiesta Rodrigo Amézaga, director ejecutivo de AD Capital.

Un MFO pasa a ser el directorio y la administración del grupo, “decidimos las políticas de inversión, las implementamos y luego, las monitoreamos. Los empresarios manejan su compañía, y consumen así el día a día, y siempre las inversiones financieras quedan relegadas, ya que se consideran accesorias”, subraya Steffens.

Inclusive, los mismos grupos que tienen su SFO, están contratando a los MFO, a modo de Benchmark o retroalimentación.

Asesores de los Grupos

Entre los SFO más nombrados está Megeve, de Reinaldo Solari –uno de los primeros en conocerse en Chile–, a cargo de su hijo Carlo –vicepresidente de Falabella–; Inversiones Liguria, de Juan Cúneo –donde participa con sus hijas–; Corso, de Teresa Solari, y Bethia, de Liliana Solari, donde está junto a su hijo Carlos Heller y Gonzalo Rojas.

Igualmente, Horst Paulmann, dueño de Cencosud, trabaja con su sobrino Uwe Hasseldieck Paulmann, gerente de Inversiones de la sociedad Quinchamalí; la familia Schiess cuenta con Juan Hardessen como asesor; los Sarquis, con Carlos Hurtado; los Said tienen a Rodrigo Muñoz, además de su Sociedad de Inversiones Caburga, donde el hombre fuerte es el propio Salvador Said.

Angelini trabaja con Capital Advisors, aparte de su matriz de inversiones AntarChile; los hermanos Andrónico, Guillermo y Jean Paul Luksic cuentan con su propio SFO, y por medio de Quiñenco comparten la administración de sus fondos; los Del Río operan con Dersa; Eliodoro Matte tiene a Porto Seguro, liderado por Eliodoro Matte Capdevila (hijo de Eliodoro Matte Larraín).

La familia Swett, por su parte, tiene a Inversiones Costanera, en la cual el hombre de los negocios es Alfonso Swett Opazo, hijo de Alfonso Swett Saavedra; mientras que los hermanos Felipe y Nicolás Ibáñez cuentan con su propio SFO, al igual que el clan de los Cueto. Mientras, Francisco Achondo está a cargo del patrimonio invertible de Eduardo Fernández León.

Entre los MFO, figura AD Capital, de los socios Cristián Steffens y Rodrigo Amézaga; Capital Advisors de Fernando Maturana, y Alcalá Inversiones.


Cifras

95% de los Family Offices a nivel nacional son Single Family Offices.

US$37.000 millones es la riqueza administrable en Chile, considerando una base patrimonial de US$20 millones por grupo.

1.000 familias tienen un patrimonio por encima de US$1 millón en el país.

Artículo original

1 comentario:

  1. Anónimo2:48 p.m.

    Pero que buena noticia , para los que ganan el sueldo minimo en Chile !

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ACLARACION: Este blog no es antiperuano ni nacionalista chileno. Este blog simplemente recopila y (a veces) comenta sobre artículos recopilados en la prensa nacional y mundial y que involucran a Chile. Si parece "cargado" hacia Perú, simplemente, es resultado de la publicación constante -y obsesiva- en ese país de artículos en que se relaciona a Chile. Así también, como ejemplo opuesto, no aparecen articulos argentinos, simplemente, porque en ese país no se publican notas frecuentes respecto Chile. Este blog también publica -de vez en cuando- artículos (peruanos o de medios internacionales) para desmitificar ciertas creencias peruanas -promovidas por medios de comunicación y políticos populistas de ese país- sobre que Perú ha superado el desarrollo chileno, lo que es usado en ese país para asegurar que Chile envidia a Perú y que por eso buscaría perjudicarlo. Es decir, se usa el mito de la superación peruana y la envidia, para incitar el odio antichileno en Perú.