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sábado, enero 02, 2010

La madurez de Chile

Las elecciones chilenas fueron el último acontecimiento político del año que se va. Y, paralelamente, serán también (en su segunda vuelta) el primero del 2010.

Pero Chile vale más como ejemplo. El país ha entrado ya en otra categoría, inusual para América Latina: un país previsible, con una democracia madura, y con altos índices de desarrollo, medido no sólo en ingreso per cápita, sino también en los índices Gini de desigualdad y en los niveles de pobreza. Chile es el país a imitar.

Ha aprovechado lo más positivo de Pinochet y la Concertación Democrática que gobierna desde hace 17 años ha mantenido su política económica: apertura de su comercio, su competitividad, la privatización del seguro social, la independencia de su banco central, entre otras reformas. Todo ello ha llevado al país a ingresar a la OCDE, club selecto de economías desarrolladas, y lo ha puesto en lo más alto de América Latina.

Ese progreso de su economía se observa también en el aspecto institucional, con una democracia ordenada, una política exterior previsible, basado en una sociedad civil coherente. Una sociedad en la cual el 73% se acaba de pronunciar en las encuestas a favor de la iniciativa personal y el trabajo duro como instrumentos para terminar con la pobreza, y donde solo el 26% cree que esa tarea es función del Estado.

Desde este punto de vista, la Concertación Democrática es uno de los grandes fenómenos políticos de la región, sin embargo, el CD ha entrado en una etapa de agotamiento y desgaste y los altos índices en material económico comienzan a retroceder. Aparece el descontento con la coalición gobernante, cuyo candidato, el senador Eduardo Frei no alcanza a aprovechar el alto grado de aprobación de la Presidente Bachelet. Ese descontento se da tanto por la derecha, en la Coalición por el Cambio de Sebastián Piñera, como en el movimiento independiente de Marco Enríquez-Ominami.

La primera vuelta electoral arrojó el triunfo de Piñera con algo más de un 44%, seguido de Eduardo Frei, con el 29.60 y de Marco Enríquez-Ominami, con el 20.13.

Jorge Arrate obtuvo algo más del 6%. Dadas esas cifras, la elección se resolverá en una segunda vuelta a desarrollarse el 17 de enero, entre Piñera y Frei.

Las cifras actuales de preferencia de voto entre los candidatos se mantienen, aproximadamente, en los mismos niveles que consiguieran en la primer ronda y podría asumirse que los votos de Arrate se volcarán al candidato de la Concertación, lo que llevaría a Frei a casi un 35% frente al 44% de Piñera.

Qué puede, entonces, ocurrir, en la segunda vuelta? Es muy difícil que Enríquez-Ominami pueda dirigir esos votos en forma masiva a uno de los dos candidatos, aunque quisiera. Se calcula que casi un tercio de los votos mantendrían su rechazo a la Concertación y apoyarían a Piñera. De todas maneras, el candidato independiente ha manifestado su crítica a ambos postulantes y se abstendrá, seguramente, de pronunciarse para orientar a sus votantes. Por otra parte, es de suponer que para su carrera política, no le caería mal el triunfo de Piñera, ya que lo transformaría casi automáticamente en el líder de la oposición, mientras que el triunfo de Frei lo relegaría. Y habrá que estar muy atento al papel que Enríquez-Ominami puede ejercer en el futuro, ya que está claro para adonde apuntan sus simpatías y cuánto apoyo puede tener de Cuba y Venezuela, a través de la figura de Max Marambio, el propulsor de su candidatura y hombre de confianza de La Habana.

Es previsible, entonces, una victoria de Piñera en la segunda vuelta y vale la pena preguntarse, en estas circunstancias, qué se juega en estas elecciones.

Por lo pronto, volviendo otra vez, a las características de una sociedad madura, previsible y ordenada, la diferencia entre las posibilidades de un gobierno de la Coalición o de la Concertación, es un problema de matices, sin el dramatismo político de las elecciones que presentan otros países, en cuanto a los cambios y procesos de la política interna. Los chilenos se han acostumbrado a los beneficios de una economía en progreso y de la estabilidad política, a tal punto que las críticas y diferencias ya no tienen la virulencia del encono ideológico, sino que son una discusión sobre la mejor manera de continuar en esa línea. Chile ya no se contrasta con otros países latinoamericanos, sino sólo con sí misma, para decidir sus políticas.

Es de suponer que el gobierno de Piñera no sería extremadamente diferente del que haría Frei. Es el discreto encanto de discutir por matices, aunque esta actitud es más visible desde fuera de Chile que desde adentro.

Pero el triunfo de Piñera puede tener un efecto importante para la región. Con toda seguridad, Sebastián Piñera tendría un rol destacado frente a Chávez y los países del ALBA: sería un aliado importante de Uribe y los EEUU y podría arrastrar a aquellos otros países que, sin simpatizar con el presidente bolivariano, no se han decidido a enfrentarlo abiertamente.

Y eso sí sería un cambio fundamental para América Latina.


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2 comentarios:

  1. Anónimo2:59 p.m.

    A pesar de los problemas estoy orgulloso de haber nacido en este suelo pues lo bueno supera con creces a lo malo aunque algunos sostengan lo contrario.

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  2. Rico entre los mas pobres.
    Chile clase media, :P y es mucho mas que eso, va mas alla de la politica, sino la pacividad de la gente, somos gente calmada, relajada en sentido de hablar de guerras civiles, y otros.

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ACLARACION: Este blog no es antiperuano ni nacionalista chileno. Este blog simplemente recopila y (a veces) comenta sobre artículos recopilados en la prensa nacional y mundial y que involucran a Chile. Si parece "cargado" hacia Perú, simplemente, es resultado de la publicación constante -y obsesiva- en ese país de artículos en que se relaciona a Chile. Así también, como ejemplo opuesto, no aparecen articulos argentinos, simplemente, porque en ese país no se publican notas frecuentes respecto Chile. Este blog también publica -de vez en cuando- artículos (peruanos o de medios internacionales) para desmitificar ciertas creencias peruanas -promovidas por medios de comunicación y políticos populistas de ese país- sobre que Perú ha superado el desarrollo chileno, lo que es usado en ese país para asegurar que Chile envidia a Perú y que por eso buscaría perjudicarlo. Es decir, se usa el mito de la superación peruana y la envidia, para incitar el odio antichileno en Perú.