
Nota: Lo que hicieron es grosero, pero no tienen por qué explicarlo... lo que sí merece una explicación, es lo que hicieron sus militares... y que según las autoridades peruanas, no recibieron la orden de retirarse o no presentarse. Ahora, si Perú no explica eso... es porque, sencillamente, los militares peruanos se mandan sólos. Algo que justifica nuestra modernización militar, ya que, no está claro que los militares peruanos estén dispuestos a seguir a sus autoridades civiles, respecto a mantener una relación pacífica con Chile. De hecho, Donayre demostró que los militares peruanos tienen una postura abiertamente antichilena y contraria a la política oficial de su gobierno (y digo "oficial" porque yo creo que una cosa es lo que dicen, otra la que piensan y planean en el largo plazo). En todo caso, no vale la pena escalar la situación (¿a alguien le sorprende?), basta con enfriar las relaciones con Perú e impulsar que nuestros empresarios inviertan en países menos traumados y que incluso se mueven económicamente más rápido que Perú (nos estamos sobreexponiendo en Perú). Colombia es el mejor ejemplo (de hecho, tiene más población, mayor ingreso por habitante, y recibe con brazos abiertos la inversión chilena... ah! y tenemos un TLC vigente, que nadie está intentado tirárselo... como hacen en Perú).
Así lo señaló una fuente del Ejecutivo a El Comercio, en contradicción con lo que había dicho el embajador peruano en Chile, Carlos Pareja.
El canciller José Antonio García Belaunde negó ayer que el Gobierno haya dado una directiva a sus funcionarios para que no asistieran a la ceremonia que se realizó el viernes pasado en la Embajada de Chile en Lima por el aniversario 199 de la independencia del país sureño. “Los funcionarios son libres de ir a las fiestas que quieran. Dejemos las cosas como están”, afirmó el canciller, quien no fue a la recepción pese a estar invitado, al igual que el ministro de Defensa, Rafael Rey.
“INESPERADO DESAIRE”
La aclaración se dio luego de que el diario chileno “El Mercurio” informó en su edición de ayer que Chile evalúa llamar a consulta al embajador de su país en el Perú, Fabio Vío, por la ausencia de representantes del Ejecutivo peruano en la recepción y por el “inesperado desaire de las FF.AA. [peruanas]” en la ceremonia en honor al héroe chileno Bernardo O’Higgins, que se realizó el último viernes en el distrito de La Molina.
A la actividad no se presentaron ni la banda de música que iba a interpretar los himnos patrios de ambos países ni los militares peruanos que habían sido invitados. Además, los Húsares de Junín que asistieron y que ya estaban formados para la ceremonia se retiraron minutos antes de que comenzara, según “El Mercurio”, tal como lo corroboraron en Lima algunos testigos.
Una fuente del Ejecutivo indicó, sin embargo, que la Embajada de Chile solo pidió que asistiera la banda, y aseguró que esta permaneció hasta el final de la ceremonia. La misma fuente comentó que no van a darle una explicación a Santiago por las ausencias, como había dicho el embajador del Perú en Chile, Carlos Pareja. En Lima, el embajador Fabio Vío evitó dar declaraciones a este Diario sobre el tema.
EL ORIGEN DEL MALESTAR
Todo esto se generó en el marco de una serie de solicitudes y declaraciones de autoridades de ambos países. Primero fue el pedido de Rafael Rey a Santiago de Chile para que suspendiera el ejercicio militar que se realizará en octubre en Antofagasta; luego las infelices declaraciones del ministro de Defensa de Chile, Francisco Vidal, quien afirmó que el pacto de no agresión que el presidente García propuso a Unasur le recordó el acuerdo de la Alemania nazi con la Unión Soviética.
Para el presidente del Consejo de Ministros, Javier Velásquez Quesquén, la ausencia de autoridades en la recepción refleja “un malestar por las expresiones ofensivas” contra el planteamiento de García, en referencia a lo que declaró Vidal.
El ex canciller peruano Diego García Sayán opinó que, fuera de las declaraciones que se han generado en los últimos días, el Gobierno no debe perder el enfoque, que es evitar una carrera armamentista en Sudamérica y que los demás países de la región entiendan que no se está haciendo un cuestionamiento contra una nación determinada.
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