Nota: Me he convencido a lo largo de los años que hay gente que sencillamente ve las cosas distinto... y no hay forma de que puedan verlas de otra manera. Ven lo que quieren ver. Este es el caso de Perú (por lo visto, lo anterior también se aplica a sociedades completas). Cero autocrítica respecto a los "encontrones" con Chile. Pero no sólo eso, ahora interpretan que los dichos de los candidatos presidenciales chilenos, son a favor de Perú y en contra de Bachelet. Nada más absurdo y alejado de la realidad. Por ejemplo, en el caso de Piñera, no está exigiendo al gobierno un cambio de postura para que se tenga una actitud "menos agresiva" con Perú, sino que pide al gobierno no cometer más errores frente a la AGRESIVIDAD peruana, y que no se permita que desproligidades de autoridades chilenas puedan ser USADAS por Perú para levantar disputas artificiales. Los peruanos, cuando se trata de Chile, pierden totalmente la objetividad y la capacidad de razonar... se suben felices a su nube.Volviendo a las cuerdas con Chile
Ahora son los propios candidatos a la presidencia de Chile quienes le reclaman al gobierno de Michelle Bachelet la política exterior coherente que en algún momento le demandó también el Perú.
Aunque la opinión de Sebastián Piñera ha sido más enfática, en cuanto a que “Chile necesita una política de Estado que represente un consenso”, las declaraciones de sus competidores, Eduardo Frei y Marco Enríquez-Ominami, coinciden en la necesidad de ir “a una relación de diálogo y respeto mutuo” con el Perú.
Como el tramo que le queda a Bachelet en el cargo resulta, a estas alturas, ya muy corto, y con elecciones generales de por medio, el mensaje de los candidatos presidenciales, a favor de una política exterior de consenso, parece encerrar una crítica a las actuales descoordinaciones entre la Diplomacia y la Defensa —así en mayúsculas— chilenas y un compromiso a futuro, despojado de afinidades y diferencias ideológicas, para quien llegara al poder.
Yendo más al fondo de las cosas podríamos decir que la clase política chilena en su conjunto procesa en estos momentos en su interior una matizada autocrítica a la luz de lo que ha sido el comportamiento del Gobierno frente al tema de la demanda peruana ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por la delimitación marítima bilateral pendiente.
La exitosa visita a Chile de la misión comercial peruana encabezada por el ministro Martín Pérez representa precisamente una fuerte llamada de atención sobre la importancia del elevado flujo de inversiones en juego aquí y allá. Se trata del estado excepcional de una segunda cuerda en un sensible campo de relaciones marcado, en su primera cuerda, por la demanda ante La Haya, en su tercera por los recelos diplomáticos altisonantes de La Moneda y en la cuarta por el enfriamiento del intercambio de información militar que caracterizaba las reuniones 2 +2, en Lima y Santiago de Chile.
Chile no puede empecinarse por más tiempo en la ambigüedad de concurrir a la demanda ante La Haya, al tiempo de crear la sensación de un eventual futuro desacato del fallo de la corte internacional. Esto no hace sino perturbar el progreso de las demás cuerdas de las relaciones peruano-chilenas.
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