Nota: He concluido que a los peruanos les gusta pensar en guerras, y no hablo de los peruanos de a pie, hablo de sus políticos, militares, periodistas, etc. Algo que no ocurre en Chile, donde -cuando mucho- uno que otro fanático algo desconectado de la realidad habla de hacerle la guerra a alguien, tomando Chile la iniciativa. En todo caso, no deja de ser llamativo, pues el único real "adversario" en la consciencia peruana es Chile, y con Chile -en la actualidad- no tienen ninguna posibilidad de conseguir un triunfo. Quizás, hablan tanto como una manera de retroalimentarse desconfianza y odiosidad antichilena, de manera de presionar a sus autoridades para que abran la billetera fiscal y pretendan equipararse militarmente a Chile... siendo Perú un país totalmente atrasado en términos sociales y microeconómicos, al compararlo con Chile. Presionan para que se gaste el dinero que Perú "no tiene" en armas (supongo que para buscar una revancha histórica). Chile ha hecho compras militares importantes, pero al hacerlo, no ha puesto en duda su desarrollo social ni económico. Finalmente, Chile no tiene NINGUN interés en tener un pleito con Perú, salvo que los peruanos lo inicien... además, ninguna hipótesis de conflicto peruano con Chile resiste el mínimo análisis lógico ni de intereses. En este "barrio" aun sobra la brutalidad y tercermundismo, muy bien reflejado en las teorías conspirativas y dichos que frecuentemente emiten los militares peruanos activos y en retiro, respecto a Chile. Si los peruanos le quieren hacer la guerra a alguien, ahí tienen a Correa de Ecuador, Evo de Bolivia y Chavez de Venezuela. Los demás países algo mas serios, no están para prestarse a shows distractivos que sólo acarrean destrucción, muerte y pobreza. Eso sí, no deben confundir la falta de interés de Chile en comprarse un conflicto sin sentido, con falta de decisión de responder a una agresión. Es lo que dice el Libro Blanco de la Defensa de Chile, en caso de ser agredido, Chile llevará en conflicto en profundidad y rápidamente al territorio del potencial adversario, y su dispositivo militar es un reflejo claro de esa política.El inminente acuerdo entre Colombia y EEUU para que este último opere en siete bases militares colombianas ha renovado la tensión regional y ha normalizado el uso de términos como ataque preventivo, respuesta militar y movilización de tropas. Son síntomas de dos enfermedades que recorren América Latina de la mano desde hace por lo menos cinco años: el armamentismo como política pública en materia de defensa, atendiendo a las amenazas de enemigos ciertos y fabricados, y el creciente discurso belicista de sectores populistas, de derecha o de izquierda, incluyendo la política exterior de algunos Estados ya poseídos por una lógica de confrontación furiosa con sus vecinos. La reciente reunión del Unasur en Quito ha impulsado esa espiral y a la vez legitimado la ruptura de dos hermandades históricas, la de Ecuador-Venezuela y la de Colombia-Venezuela, que se suman a la permanente crisis ya instalada en las relaciones Perú-Bolivia.
Es delirante la explicación de Hugo Chávez sobre este proceso, en el sentido de que EEUU impulsa la guerra entre Venezuela y Colombia bajo el esquema del conflicto Irán-Irak de los años 80 para apoderarse del petróleo venezolano. Más creíble es el argumento que señala que la región es objeto y sujeto de una embestida sin precedentes de movimientos sociales portadores de derechos que ha transformado la fisonomía de varios países y motivado la reacción conservadora organizada, matizada en cada país. EEUU y Venezuela actúan sobre esa plataforma efervescente y aspiran a la dirección de las orquestas, aunque el proceso no les pertenezca.
Se explican así las complejidades del período, como las reticencias de Brasil, Uruguay y Paraguay, con gobiernos de izquierda, a enrolarse en una condena a Colombia y la reciente toma de posición de Ecuador, por boca de su vicepresidente sobre que su país no se dejará involucrar por Venezuela en un conflicto con Colombia. También operan en esa dirección las recientes declaraciones del subsecretario adjunto de EEUU Cristopher McMullen, que ha reconocido las “medidas impresionantes” tomadas por Ecuador contra las FARC al desplegar 10 mil soldados en su frontera.
El armamentismo y su discurso han prendido en la región. Desde los años 70 (Argentina-Chile, Perú-Chile, Bolivia-Chile, Ecuador-Perú), no sonaban tan fuerte los tambores de guerra aunque esta vez no tienen como único norte los pendientes fronterizos. La aceleración de la compra de armas tiene como nunca tres justificaciones a la carta: la subversión, el narcotráfico y el enemigo externo. Por una mala jugada del destino, el Perú es el único país de la región que puede exhibir las tres razones juntas, aunque los impulsores del rearme peruano deberían tomar nota que otros vecinos, Ecuador y Bolivia, estarían también saliendo de compras. De paso, sería este el momento ideal para volver a debatir sobre quiénes son nuestros verdaderos amigos y con quiénes no conviene andar en pleito.
Artículo original



