Las llamadas cumbres presidenciales son poco más que intrascendentes. Son parte del folclore de la política internacional y, francamente, no deberían pasar de eso.La declaración de la reunión es perfectamente política. Ratifica el derecho irrestricto a la soberanía de los Estados y la no injerencia en asuntos internos. Declara que la presencia de fuerzas extranjeras no puede amenazar la soberanía o integración de cualquier nación sudamericana.
¿Se necesita una reunión de presidentes para eso? ¿Acaso alguien dice que la soberanía no debe ser soberanía y que la amenaza no es una amenaza?
El presidente peruano no quiso pasar inadvertido en la reunión. Por eso hizo una referencia a lo que la diplomacia peruana llama el armamentismo chileno.
“Es realmente vergonzoso que presidentes que decimos actuar por el pueblo hayamos comprado el año pasado 38 mil millones de dólares en armas. Eso es vergonzoso”, dijo Alan García.
Nuestro jefe de Estado quiere voltear la torta. La verdadera vergüenza es que el Perú tenga tanques de la Segunda Guerra Mundial, que tenga helicópteros que se caen y soldados que no saben disparar un cañón del siglo XIX.
El Perú quedó desfasado en la tecnología militar. Ese proceso es como el de las computadoras o los teléfonos celulares. Si uno no se pone al día, luego el salto sale más caro.
No tiene nada que ver con lo que haga Chile. Nosotros tenemos armas soviéticas. La Unión Soviética ya no existe y esas armas, además de desactualizadas, están viejas.
El problema no es cuánto gasto en armamento, sino cuánto gasto en armamento en relación al gasto social (salud, educación, entre otros). Ese balance es un asunto de soberanía. Tiene que ver con la demanda política de la población y el tino administrativo del gobierno.
La vergüenza es que el ejército del Perú tenga tanques soviéticos T55. La vergüenza es, por supuesto, nuestro nivel de analfabetismo en la primera década del siglo XXI.
El presidente García ha querido tener algún protagonismo en una reunión de ritual. Todo, en realidad, ha sido perfectamente inútil. Los espectáculos del discurso, sin embargo, deberían por lo menos mostrar algo más que fuegos artificiales.
No es momento de hacer show business en la política internacional. Eso podemos dejárselo a otros. Es momento de trabajar en silencio.
Tenemos que ponernos al día en el gasto social, en el gasto militar y en el de infraestructura. Tenemos que actualizarnos en el derecho penal, la administración de la justicia, la reforma del Estado y en el resto de la larga lista del déficit nacional.
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