Artículos Destacados

martes, abril 28, 2009

Coeficiente intelectual de los chilenos subió 25 puntos en 30 años

Un análisis realizado por el profesor Ricardo Rosas, revela que esta alza es superior incluso a la que se vivió en Dinamarca y Estados Unidos.

Respuestas rápidas, muchas veces con una lógica implacable y con argumentos que dejan sin palabras a los adultos. Que los niños hoy son más inteligentes que los de hace algunas décadas es una observación que seguramente resulta evidente para cualquier persona que comparta cotidianamente con ellos. Ahora, un análisis realizado por el profesor Ricardo Rosas, de la Escuela de Sicología de la Universidad Católica, no sólo lo confirma, sino que dimensiona la magnitud del salto. En los últimos 30 años el coeficiente intelectual de los chilenos creció 25 puntos. Cifra incluso superior a la experimentada por daneses y estadounidenses en igual período.

James Flynn es un científico americano que comenzó hace dos décadas a investigar el CI promedio de las naciones. Estaba convencido de que entre una generación y otra debía producirse un incremento importante en esta medición. Los datos recogidos en 30 países le dieron la razón y originaron lo que hoy se conoce como "Efecto Flynn": en todas partes las nuevas generaciones se han visto obligadas a desarrollar un pensamiento lógico y una capacidad de abstracción muy superiores a las que tenía la generación precedente, simplemente, por supervivencia.

En Estados Unidos, por ejemplo, el CI promedio se elevó 18 puntos en tres décadas, en Dinamarca 20, en Singapur 23 y en Hong Kong, 24.

Para llegar a estos resultados, Flynn utilizó un test llamado Wisc, uno de los más eficientes al momento de evaluar las capacidades intelectuales y que permite responder una pregunta clave: ¿Qué puntaje alcanzarían los niños de hace 30 años si contestaran este examen hoy?

El estudio de Flynn no incluye a Chile, pero el profesor Rosas -PhD en Sicología Cognitiva de la Freie Universitat en Berlín- aplicó el mismo procedimiento del científico americano a dos pruebas realizadas en el país, una en 1975 y otra 30 años después, a niños de entre seis y 16 años. Los resultados impresionaron al propio académico de la UC: si los menores de mediados de los 70 respondieran el test de 2005 habrían obtenido un puntaje promedio de 75 puntos.

¿NUTRICIÓN O EDUCACIÓN?

El por qué el mundo pareciera estar volviéndose más inteligente, por lo menos en las mediciones de CI, suele tener una respuesta instantánea entre los expertos: a medida que los pueblos van superando la pobreza, y con ello factores como la desnutrición quedan atrás, las generaciones crecen en capacidades intelectuales.

Para el siquiatra Hernán Montenegro, en el caso chileno resulta imposible dejar de lado el haber erradicado la desnutrición, algo que comenzó a principios de los 80, cuando las tasas disminuyeron a la mitad (11,5%) y que en el año 2000 llegaban a apenas 2%. "Antes los niños se morían por desnutrición, nacían prematuros y no había control en los embarazos. Hoy nacen en un ambiente donde esos problemas ya están superados y, de alguna manera, eso influye en su desarrollo psicomotor y, por ende, los resultados de los test psicométricos tienden a irse superando", señala el médico, uno de los primeros que comenzó con las mediciones de CI en Chile en la década de los 70.

En las conclusiones de Flynn, sin embargo, la palabra pobreza (o su superación) no juega un rol relevante. De hecho, este científico decidió hacer la prueba y evaluó a niños mal nutridos de países subdesarrollados. Su tesis se mantuvo intacta: estos menores también registraban un CI más alto que niños en la misma condición pertenecientes a generaciones anteriores. ¿Cómo era posible? La respuesta la encontró al analizar el detalle de los test. Descubrió que era en las áreas que medían la lógica y la capacidad de abstracción, donde se producía la gran diferencia.

Es decir, los niños habían mejorado enormemente su habilidad para generar en su mente una representación de la realidad a partir de seleccionar correctamente los elementos relevantes. Eso es lo que se conoce como "capacidad de abstracción" y es lo que nos permite entender adecuadamente nuestro entorno y resolver los problemas. Para Flynn, entonces, las nuevas generaciones se habían visto obligadas a elevar esta habilidad para sobrevivir en un mundo cada vez más complejo, algo que sólo podía adquirirse a través de la educación.

En el análisis que compara las evaluaciones realizadas en 1975 y 2005 en Chile, también se aprecia la influencia de la educación en este sentido. Entre los niños de seis años, la diferencia con sus pares de hace tres décadas fue sólo de cinco puntos en promedio, brecha que fue aumentando gradualmente, hasta llegar al tramo de los adolescentes.

Claro que eso no significa que no persista una diferencia de CI entre los menores de distinto nivel socioeconómico. En la medición de 1975 no se hizo distinción de grupos socioeconómicos, pero en 2005 se separó a los menores de acuerdo a su procedencia escolar: los niños provenientes de establecimientos públicos registraron cinco puntos menos que el promedio, los de colegios subvencionados 1 punto menos que el promedio y los del sector particular, obtuvieron seis puntos por sobre el promedio.

¿CUÁL ES EL LÍMITE?

Es en los países subdesarrollados donde más ha aumentado el coeficiente intelectual de sus habitantes, según los reportes de James Flynn, porque son los que cuentan con más espacio para crecer. De hecho, en los países desarrollados ya comienza a notarse un estancamiento. Los chinos, por ejemplo, aumentaron sólo 11 puntos su CI promedio desde 1981, los daneses lo hicieron 20 en tres décadas, pero únicamente cinco en los últimos 10 años. Lo mismo ocurre con los noruegos y los británicos, que elevaron su coeficiente intelectual en cuatro y dos puntos, respectivamente, en igual período.

Aunque para la ciencia es todavía un misterio hasta qué punto podrá seguir evolucionando la inteligencia humana, se estima que algunos países ya han llegado a su techo. Como Holanda, por ejemplo, nación que se ubica en la categoría de "brillante", ya que sus habitantes registran el CI promedio más alto de los analizados. Según los estudios internacionales, el CI promedio de los holandeses es 16 puntos por sobre el promedio del resto de las naciones.

EL ANÁLISIS EN CHILE: 75 vs. 100

¿Qué puntaje alcanzarían los niños de hace 30 años si contestaran hoy un test de Coeficiente Intelectual? Esa es la pregunta que responde el científico estadounidense James Flynn al momento de cuantificar el aumento de las capacidades intelectuales en los países. Y también fue el método que utilizó el profesor de la Universidad Católica, Ricardo Rosas, para obtener los resultados chilenos.

Según explica el sicólogo, en cualquier país y en cualquier época el CI promedio siempre tendrá asignado el nivel 100. Pero el 100 de hoy es muy distinto al 100 de hace tres décadas y para ejemplificarlo recurre a lo que sucede con la PSU: si, por ejemplo, un año el promedio de respuestas correctas de los alumnos que rinden la prueba es 20, todos quienes tengan ese número de preguntas contestadas adecuadamente tendrán 500 puntos. Y si al año siguiente el promedio de respuestas correctas sube a 25, es ahí donde se fijan los 500 puntos. Pero la diferencia de rendimiento entre una generación y otra es evidente.

Algo similar ocurre con el CI de los chilenos. El CI promedio de los niños que respondieron el test a mediados de los 70 fue muy inferior al que registraron sus pares en 2005, equivalente a 75 puntos en la actualidad.

Para estos cálculos, el profesor Rosas se basó en los estudios "Estandarización de la escala revisada de Weschler para niños chilenos del área Metropolitana", realizado por M. Calderón en 1975 y publicado en 1980, y uno realizado por él y por la académica Valeria Ramírez hace cuatro años, llamado "Adaptación del Wisc III para niños chilenos".

Artículo original

5 comentarios:

  1. Anónimo12:48 a.m.

    Es un interesante articulo, pero las conclusiones periodìsticas y sus relaciones son erradas. No sòlo por el mal uso de la escala estàndar usada para la medición del CI,que en una persona medianamente inteligente debería superar los 100 pts, sino también porque el mismo estudio Flynn revela que un mayor grado de desarrollo intelectual se ve asociado, en la mayorìa de casos, a la supervivencia ante situaciones adversas que sufre un individuo o un grupo de individuos y la búsqueda de soluciones. El resultado por ejemplo: una elevada alza del promedio de CI en paises como Colombia y Perú, quienes actualmente superan al promedio de la región, siendo extremadamente competitivos frente al mundo.

    Considero muy explicativo el artículo, pero tomo mis reservas.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo9:01 p.m.

    Nadie como el peruano se interroga tanto sobre la identidad nacional, y no precisamente porque carece de ella, sino porque resulta inaguantable reconocer el estado patológico de nuestra personalidad social .

    Se trata de una especie de neuroticismo -el término pertenece al psicólogo americano Eysenck- que designa, en nuestro caso, la inestabilidad emocional del sujeto social. Este transtorno grave de nuestro psiquismo colectivo nos impulsa a movernos desordenadamente desde la falta de reacción abúlica hasta las explosivas capacidades en crear proyectos pero sin corresponderle una paralela capacidad de realización.

    Es por ello que durante el siglo veinte sólo tuvimos dos momentos sin calco ni copia, a saber, la brillante intelligentzia peruanista de los treinta y el proyecto inconcluso e imperfecto del general Velasco. Es decir, en los únicos momentos en que predominó una mentalidad y un proyecto nacionalista se produjo una saludable interrupción de la anomalía de nuestra psicología colectiva, que sintió la identidad con orgullo .

    El orgullo humano, individual o colectivo está casi siempre en proporción a sus bienes materiales. El orgullo prehispánico no necesitó de este soporte porque fue un orgullo interior basado en la íntima riqueza racial -la gran cultura regional cuando no el gran imperio-, seguidora de una única religión del dios Wiracocha, nunca abolida ni por los incas. Pero con la conquista española todo el cosmos andino, como es conocido, sufre un profundo trastocamiento, que hasta hoy palpita en nuestras venas.

    El Perú virreynal no fue levantado como el Escorial de Felipe II para presentarlo a Dios como muestra de devoción y orgullo, sino que fue horadado en minas y encomiendas para satisfacer el hormigueo belicista e imperial de la metrópoli. Si hubo algo que lo salvó al barbudo hidalgo español de convertirse en un consumado y exitoso genocida, comparable a los anglosajones del norte, fue que su infernal Iracundia fue refrenada por su insuperable Avaricia y exitante Lujuria .

    Estos entusiastas piropeadores, de mirada y labios sensuales, de gran atractivo para las indias, polígamos por excelencia, depositarios de la tradición donjuanesca, que vivieron para la aventura erótica -recuérdese la gran cantidad de restos de párvulos encontrados debajo de los conventos y monasterios-, y cuya tradición es pecar, arrepentirse y luego volver a pecar y así otra vez -a esta carencia de asco racial por parte de los peninsulares Jorge Basadre buenamente lo llamó "fenómeno de incalculable sentido democrático-, repoblarían nuevamente el territorio asolado por pestes, abusos y crímenes, pero lo harían con toda una variopinta mezcla racial capaz de desafiar al más moderno genetista.

    Pero el desembarazo racial no es más que un aspecto, no del todo pequeño por cierto, en la configuración de la psicología colectiva, la cual estuvo en su momento dominada por el concubinato y el bastardeo. La ínclita memoria del Inca Garcilaso de la Vega nos da un testimonio temprano de la búsqueda de esa identidad en crisis, bilingüe, castellanizada, hegemonizada por otra visión del mundo.

    Los siglos han pasado, pero la visión de la "madre india alejada y humillada" se prolonga hasta nuestros días con la idea de un país que transita de derrota en derrota, de un colonialismo mental a otro, de un racismo soterrado y bajo cuerda y con un himno nacional de ominosa letra -abordado recientemente por mi amigo Julio Rivera Dávalos en su libro El mito de un símbolo patrio-, que marca a fuego desde niños la idea derrotista y de baja autoestima de la "humillada cerviz".

    ResponderEliminar
  3. Anónimo9:09 p.m.

    Somos picones, insultones y cobardes, si vemos que no podemos ganarle al rival nos acobardamos y aceptamos que perderemos sin antes de jugar siquiera, o a veces superamos la confianza a niveles inexplicables y nos sentimos seguros de ganar pero a la hora de la hora no estamos preparados para afrontar el trajín y perdemos categóricamente.

    La sociedad es muy candelera, es decir idoliza rápidamente al que no ha ganado nada aun, o lo minimiza a la mínima expresión de un error.

    Somos fanáticos de la moda chatarra, es decir de la música pasajera o las costumbres extranjeras que se presenten, si vemos que un carro lo pintan de un nuevo color, todos quieren usar ese color, si llega un extranjero con el pelo parado o con barbita, inmediatamente un montón de gente se le pega eso de moda, no aceptamos como somos, queremos ser diferentes buscando parecernos a lo que no somos.

    Nos tildamos de cholo, serrano, crolo, negro, zambo, etc., cuando eso somos en si, creyendo algunos que es un insulto ser lo que es, eso es racismo e hipocresía, si alguien no tiene la piel blanca lo catalogan de descendiente de los Incas y eso la mayoría cree que es impuro o que daría vergüenza.

    Es común escuchar en conversaciones sentirse orgullosos algunos de que algún antepasado vino de otro País o que el apellido que llevan proviene de tal País, y lo que es peor es que hasta en Lima mismo se considera asquiento que un limeño venga de Padres provincianos.

    “Hay una Feria Internacional de productos marinos, y en uno de los stands hay 2 cestos de cangrejos, y de forma curiosa se acerca un comprador que le pregunta al expositor: -Porque tienes un cesto abierto y el otro tapado?-, y el pescador responde: -ah bueno es simple, en uno llevo cangrejos peruanos y en otro cangrejos chilenos, el cesto cerrado es de los cangrejos chilenos pues se saldrían ayudándose entre ellos, en cambio el cesto de cangrejos peruanos no es necesario taparlo, pues mientras un cangrejo quiere salir otro lo jala desde abajo para evitar que salga-“nuestro CI significa coeficiente inverso perdon compatriotas pero la realidad esta a la vista,no creen?

    ResponderEliminar
  4. Anónimo10:24 p.m.

    cholo detec........estos vagos peruanos no hacen nada mas que revolcarse en su inmundicia

    ResponderEliminar
  5. Anónimo10:25 p.m.

    mojones picaos porque somos mas inteligentes...ovbio somos blancos

    ResponderEliminar

ACLARACION: Este blog no es antiperuano ni nacionalista chileno. Este blog simplemente recopila y (a veces) comenta sobre artículos recopilados en la prensa nacional y mundial y que involucran a Chile. Si parece "cargado" hacia Perú, simplemente, es resultado de la publicación constante -y obsesiva- en ese país de artículos en que se relaciona a Chile. Así también, como ejemplo opuesto, no aparecen articulos argentinos, simplemente, porque en ese país no se publican notas frecuentes respecto Chile. Este blog también publica -de vez en cuando- artículos (peruanos o de medios internacionales) para desmitificar ciertas creencias peruanas -promovidas por medios de comunicación y políticos populistas de ese país- sobre que Perú ha superado el desarrollo chileno, lo que es usado en ese país para asegurar que Chile envidia a Perú y que por eso buscaría perjudicarlo. Es decir, se usa el mito de la superación peruana y la envidia, para incitar el odio antichileno en Perú.