La gran deuda de Chile, todos lo sabemos, es nuestra educación. Muchos niños que comenzaron a educarse bajo el gobierno de la Concertación ya han salido del colegio. Incluyendo a los pingüinos, que tuvieron que salir a las calles para remecernos, son siete generaciones a partir de 2002. Cerca de un millón y medio de jóvenes. Pero si la inversión en educación escolar ha aumentado a más del doble, el rendimiento no ha mejorado. Chile crece, pero nuestro capital humano permanece rezagado. Hoy tenemos cobertura, pero no mejoramos en calidad. Basta ver los resultados de cualquier estudio al respecto.En esta campaña han surgido una serie de propuestas para mejorar la educación. Ciertamente es un tema muy complejo. Un problema de largo plazo que, por razones políticamente obvias, los gobiernos prefieren soslayar. Regalar computadores, sin importar lo que con ellos se haga, puede ser conveniente.
Durante esta crisis algunos pregonaron el fin del capitalismo. Otros sólo se contentaron celebrando el regreso de un Estado poderoso. El candidato Frei, por ejemplo, nos ha dicho con inusual vehemencia que "para enfrentar los problemas de la educación y también de la educación superior necesitamos ¡más Estado!, ¡más Estado!". Pero existen buenas razones para mantenernos escépticos frente este llamado. La jornada escolar completa se comenzó a implementar durante el gobierno de Frei. Si bien se han realizado mejoras muy necesarias en infraestructura, en total hemos invertido unos US$ 5.000 millones. Según el "Panorama de la Educación de la Ocde" de 2008, Chile es el país con más horas de clases en educación secundaria (1.210 horas lectivas al año). Esta reforma ciertamente ha cumplido con el objetivo de mantener a los niños en el colegio, y no en la casa. Pero fracasamos en lo fundamental. El rendimiento no ha mejorado.
Por otro lado aún tenemos el Estatuto Docente que asegura la inamovilidad y premia la antigüedad sin importar el desempeño. ¿Habrá alguien dispuesto a enfrentar al poderoso gremio de profesores? El Estatuto Docente desincentiva una carrera basada en el mérito. También ha contribuido a deteriorar la dignidad del profesor. Para incentivar la entrada de nuevos docentes, Frei ha propuesto una Carrera Profesional Docente paralela. Pero ahí tiene usted nuestras carreras de pedagogía. ¿Se ha preguntado cómo estamos educando en Chile a nuestros futuros educadores? En esta tarea, hay que decirlo, las universidades públicas -o sea, el Estado- tienen mucha responsabilidad. Qué diría Gabriela Mistral.
Las propuestas de Frei también apuntan a la intervención de los mil peores establecimientos municipales. La futura Agencia de Calidad de la Educación y la Superintenden-cia, cumpliendo funciones de evaluación y fiscalización, harían el milagro. En el pasado ha habido programas similares que no han dado resultados (P-900, asesoría a establecimientos prioritarios, entre otros). ¿Cree usted que esta nueva intervención estatal producirá resultados positivos? Y de ser así, ¿a qué costo? No lo sabemos. Sí sabemos que estas prácticas intervencionistas terminan premiando a los peores. En educación, desgraciadamente, no tenemos una cultura orientada hacia la calidad.
Y con este afán de control tan propio del estatismo se ha propuesto terminar con la educación municipalizada. Con diversos argumentos, en vez de darles mayor autonomía a los gobiernos locales y a los directores de las escuelas, se propone centralizar la educación.
El gran problema de estos visionarios de nuestra educación es que no pueden confiar en las personas, sino en el Estado que ellos -obviamente- saben dirigir. Respecto de las universidades públicas que abogan por la equidad y la diversidad, ¿sabía usted que los estudiantes que acceden al crédito fiscal con el aval del Estado sólo pueden postular a las universidades que pertenecen al club del Consejo de Rectores (Cruch)?
Como en Chile tenemos que esperar algún informe de la Ocde para darnos cuenta de lo obvio, recién estamos cuestionándonos la razón de ser del cartel Cruch. Por razones históricas, éste agrupa a sólo 9 universidades privadas y a las 16 públicas. Y por simples razones económicas -entre ellos se reparten la torta- se mantienen juntos. En el encuentro con el candidato Frei en el CEP, Vittorio Corbo destacaba la importancia de la educación usando la metáfora de un preciado arbolito. Sin ser experto en jardinería, uno se pregunta si este arbolito, que no ha dado los frutos que esperábamos, se encuentra en buena tierra.
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