Brasil está embarcado en un amplio y profundo proceso de modernización de sus capacidades militares. El Plan Estratégico de Defensa ya fue lanzado con pompas y platillos. La visita del mandatario galo es prueba de ello.Brasil ha sido claro en señalar las razones primarias que le impulsan a invertir un monto cercano a los 14 mil millones de dólares hasta el año 2021: la protección de sus recursos naturales, pero en forma general hablan de “proteger su territorio” y las nuevas fuentes de poder que éste encierra, como es la Amazonía, sus cuencas hidrográficas y la plataforma marítima brasileña rica en oro negro. Esta es la versión oficial. Sabemos que detrás de ello se esconden aspiraciones de potencia, lo que parece ser natural a un país que una vez se autoproclamó un “imperio” y que hasta hace una década y media atrás competía con Argentina para ejercer un dominio sobre toda la región.
Hoy Brasilia inauguró oficialmente lo que debería ser un aspecto central en su carrera por constituirse en una superpotencia mundial, y en particular sudamericana. Existe un cuestionamiento en “voz baja” sobre las reales intenciones brasileñas, nadie en el espacio sudamericano critica abiertamente este proceso, salvo Paraguay con quien Brasilia ha mantenido estos últimos años fricciones políticas. El resto observa y calla. En Argentina las críticas veladas desde su Comunidad de Defensa siguen. Preguntándose cuando será el turno de sus propias fuerzas armadas, haciendo hincapié en los procesos de modernizaciones chilenos y brasileños.
Simultáneamente a esta noticia brasileña, en Chile se da inicio al proceso de desmantelamiento de la llamada Ley del Cobre que garantizaba un canon del 10% de las ventas del metal rojo para las FF.AA. La idea que subyacía era garantizar flujos permanentes de recursos hacia el repotenciamiento de las capacidades disuasivas chilenas. Materializar el “nunca más”.
Asociado a la información anterior, ampliamente divulgada, se conoce la pronta aparición del tercer Libro Blanco de la Defensa: Chile transparenta sus intenciones y capacidades, junto con establecer reiterativamente que no posee reivindicaciones territoriales con ningún país vecinal.
En ambos casos, en el de Brasil y en el de Chile, los procesos de modernización de sus capacidades bélicas son cualitativamente relevantes. La defensa de “nuevos intereses” y de “nuevos estatus” impone aggiornar dichas capacidades de intervención cooperativa con otros Estados, pero también cristalizar las capacidades de reacción y acción frente a entidades políticas estatales sobre quiénes la credibilidad de la amenaza es la única forma de evitar lo impensable.
Brasil, como dijimos, “transparenta” sus objetivos políticos detrás de esta restructuración de su fuerza. Chile tiene la debilidad de no ser claro en este aspecto, lo que conlleva a, por ejemplo, una oleada de críticas instrumentales desde Perú. Desde Lima se señala que "no están claras" las razones que explican este proceso de adquisiciones, no obstante que frente a posturas reivindicacionistas limítrofes, a la inestabilidad orgánica de ciertos Estados vecinales, a la presencia de actores subnacionales que generan efectos dominós en cuanto a procesos de adquisiciones de sistemas de armas y la presencia de fuerzas ideológicas expansionistas y de naturaleza totalitarias, poco queda por justificar el proceso en cuestión.
Un aspecto central, de esta problemática, radica en dotarse de una seguridad relativa que permita fortalecer la credibilidad de la amenaza y por ende la disuasión, no obstante que ésta sea una de tipo ofensiva. Eso es lo que hace Chile. Se trata de una estrategia de potenciación limitada. Chile no busca, como Brasil, proyectar una capacidad de potencia a nivel regional ni menos aún mundial.
Ahora, y dados los cuestionamientos peruanos de esta medida, tantas veces exigidas, el Gobierno chileno "tira la pelota" hacia el campo peruano. Son ellos los que deberán debutar un proceso de transparencia de sus propias capacidades, pero sobre todo de sus intenciones políticas. La resucitación del Sendero Luminoso, de ser efectiva, les permitirá, en parte, explicar su propio proceso, pero con una credibilidad limitada.
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