Nota: Sueños de grandeza peruana. Si EEUU instala una base en Perú, ¿qué daría a Perú una relación más estrecha con ese país? ¿Acaso tuvo Ecuador los benecifios que declara este articulista peruano?. Y si no tuvo esos beneficios, ¿por qué Perú si los obtendría?. Por otro lado, decir que la base los beneficiará disuadiendo a Chile, es una idiotez, porque Chile nunca ha tenido intenciones de atacar Perú, el asunto es a la inversa... los peruanos quieren seguir la guerra de 1879 (Chile sólo ha invertido en armamentos para mantener su capacidad disuasiva ante Perú). ¿Acaso EEUU se prestaría para apoyar una agresión a un país amigo y uno de los poco estables del subcontinente? imposible. Que la base se instale en Perú más bien beneficiaría a Chile, porque EEUU podría presionar desde dentro a los militares peruanso para desalentar cualquier idea militarista. Todo lo demás son sueños infantiles... EEUU transporta desde su territorio hasta sus bases desde el agua hasta el papel higiénico. ¿Donde está el beneficio económico que supuestamente recibiría Perú? Como dije, sueños de grandeza. Quizas el único beneficio sería el pago que hace EEUU por los terrenos que usa, y por la renuncia a la soberanía que hace el país anfitrión. Y por cierto, ese tipo de bases requiere la autorización del Congreso local. ¿Los nacionalistas chavistas de Perú van a invitar a EEUU a instalar una base militar? ¡eso lo quiero ver! Finalmente, ¿cuál sería la reacción de la guerrilla izquierdista de Sendero Luminoso si se llega a instalar la base en territorio peruano? ¿cómo reaccionarían los narcos? (lo más probable es que se unan ante un enemigo común, y los segundos financien a los primeros). Ante el anuncio del retiro de la base militar norteamericana de Mantas, en Ecuador, ha trascendido de fuentes castrenses, que se barajaría la posibilidad de que la misma se pueda trasladar a nuestro territorio, en particular a Piura. No sabemos si eso ha sido ya pedido extraoficialmente por los EE UU o forme parte de la estrategia republicana para torcerle el brazo a los demócratas y lograr que se firme el tratado de libre comercio con el Perú, pero, sin duda, es un asunto que merecería consideraciones geopolíticas. Más allá del TLC, ¿le convendría a nuestro país que suceda algo así? Vamos a decirlo sin ambages. Creemos que sí. Desde todo punto de vista. Por supuesto, sabemos que eso será echarle leña al fuego nacionalista y que de ello cosecharán favorablemente quienes propugnan esa doctrina. Sería maná caído del cielo. Un Tiwinza multiplicado por cien. Pero razones de Estado –donde debería radicar el verdadero nacionalismo y no en paparruchadas– apuntan en sentido contrario. Primero, porque, como ya se ha dicho, podría facilitar la ansiada firma del TLC. Pero principalmente porque trastocaría radicalmente, y en favor nuestro, la precariedad geomilitar en la que nos encontramos respecto del creciente poderío bélico chileno. Autorizar la instalación de una base militar norteamericana en Piura –por mencionar el lugar que ha trascendido– sellaría una alianza de mayor grado con Washington. Y lograr ello rompería definitivamente el eje privilegiado entre la Casa Blanca y La Moneda. Cerraría cualquier eventualidad conflictiva con Ecuador –más allá del acuerdo de paz firmado por el gobierno de Fujimori, esa posibilidad siempre está abierta– y de esa manera, desarticularía el pacto implícito entre nuestros vecinos del norte y del sur. Asimismo, colocaría al Perú como el aliado más importante en el hemisferio sur de EE UU. Chile dejaría de ser el “portaaviones” regional, el Israel norteamericano. Y, qué duda cabe, semejante enroque nos quitaría de encima también la permanente situación de guerra fría que sostenemos con los chilenos. Si París bien valió una misa, la seguridad nacional bien puede valer una base militar. Cientos de millones de dólares, si no son más, dejarían de ser destinados a mantener forzadamente un equilibrio militar con Chile, para dirigirse precisamente a resolver los problemas sociales que, a su vez, alimentan el radicalismo nacionalpopulista. Difícil decisión para un partido como el APRA que ha hecho del antiimperialismo un lema. Pero así como en la larga historia lo de Tiwinza será visto como una nimiedad en pos de un objetivo mayor, aceptar una base estadounidense en el norte del país, a la luz de los beneficios colaterales, será considerado un acto de Estado que bien podría dar un giro cualitativo al rol estratégico del país en su afán de alcanzar el liderazgo en el Pacífico sur.
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