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lunes, marzo 08, 2010

Las profesiones que se necesitan para reconstruir Chile

Algunos empleos son voluntarios con profesión, otros implican pago. Sicólogos, ingenieros y más se necesitan

Luego del terremoto la palabra ayuda toma fuerza, pero ¿qué pasa cuando uno quiere cooperar con sus conocimientos profesionales y tiene tiempo?

Son varias las profesiones requeridas para ayudar al país y muchas de ellas comenzarán a tener gran demanda en los próximos meses.

En www.ayudando.com se aglutinan hoy todas las necesidades de profesionales que faltan para reconstruir el país.

La mayoría de las ofertas no implican recibir dinero, pero sí dan alojamiento y alimento. Según las consultoras de recursos humanos la experiencia de este tipo es valorada en el 60% de las empresas al postular a un empleo, por lo que puede ser una buena oportunidad para quienes están buscando trabajo por primera vez. Aquí una lista con los más requeridos.

Lo que se busca. Las ofertas están por profesión y para más detalles debes ingresar a internet.

1) Arquitectos: Pueden ser hombres y mujeres, y trabajarán en comunidad en el apoyo y servicio, desarrollo comunitario, infraestructura y construcción o en servicios y/o asesorías profesionales. Hay necesidad de 100 en la Región de O’Higgins, 100 en Maule, 100 en Biobío y 100 en la Región Metropolitana.

2) Ingenieros calculistas: pueden ser hombres y mujeres y se necesitan para las obras de reingeniería de las diversas zonas afectadas. En este caso pueden ser ingenieros de diversas áreas con conocimientos en obras civiles. Se buscan 100 en la Región de O’Higgins, 100 en el Maule, 100 en Biobío y 100 en la Región Metropolitana.

3) Constructores civiles: La idea es que apliquen sus conocimientos en terreno en el trabajo de orden y reconstrucción de hogares, principalmente en el levantamiento o construcción de nuevas casas. Deben ser constructores civiles de profesión. Hay necesidad de 100 en la Región de O’Higgins, 100 en Maule, 100 en Biobío y 100 en la Región Metropolitana.

4) Ingenieros civiles: Serán relevantes no sólo en las ayudas de obras civiles, sino también el ordenamiento de los negocios y microempresas que resultaron con daños en su funcionamiento. Pueden ser ingenieros civiles de diversas áreas y que tengan interés en el trabajo comunitario. Se buscan 100 en la Región de O’Higgins, 100 en Maule, 100 en Biobío y 100 en la Región Metropolitana.

5) Sicólogos: Serán los encargados de la reconstrucción mental y sicológica en los pueblos afectados. Se buscan para el trabajo en intervención comunitaria con niños y adultos y deberán además ser capaces de entregar asesoría a las familias con más daños. Hay necesidad de 100 en la Región de O’Higgins, 100 en Maule, 100 en Bíobío y 100 en la Región Metropolitana.

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Aeropuerto Internacional de Santiago reanuda actividades en forma parcial

En medio de una gran congestión de pasajeros y con varios problemas, se inició la reanudación de los vuelos nacionales e internacionales en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, después del colapso sufrido por el edificio principal durante el terremoto del sábado.

Los usuarios son atendidos en carpas y al aire libre, con extremas restricciones en las acciones de control, hecho que causa grandes molestias a quienes buscan embarcarse en vuelos dentro del país y aquellos que van al exterior.

Las personas presentes en el lugar, entre otros, reclaman por el casi nulo contacto con las compañías que los atienden, pues éstas no tiene sitios claros para sus trámites habituales.

Los anuncios se hacen con megáfonos de poca potencia y reina la confusión.

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Perú copia la Fundación Chile

LIMA | En 1976 se creó la Fundación Chile con el objetivo de buscar aplicar los avances en ciencia y tecnología para el desarrollo económico del país del sur. Uno de sus éxitos más reconocidos fue el convertir a Chile en uno de los principales productores y exportadores mundiales de salmones, una especie no nativa de ese país. Con ese ejemplo en mente, hoy un grupo de empresarios peruanos crea Fundación Perú.

Conversamos con el presidente de la flamante institución, Manuel Sotomayor, sobre sus planes inmediatos.

MARIO CAMOIRANO Correo: ¿Fundación Perú parece ser una respuesta a las críticas de Michael Porter? Manuel Sotomayor: Esto se inició hace tres años, en una reunión de un grupo de empresarios con el presidente García, cuando nos lanza el reto de que el Perú sea un país ganador y como meta el superar a Chile. El lanzamiento oficial de la Fundación ha coincidido con esta controversia generada tras la visita de Porter. El Perú está en una encrucijada. Tenemos la gran oportunidad de pasar de ser una economía tradicional y exportadora de materias primas a ser un jugador en el mercado mundial y para eso se necesita que todas las empresas hagan suyo el tema de la innovación, que es nuestro elemento central.

C: ¿Por qué demoró tres años en cristalizar esta iniciativa? MS: Fue lo que nos tomó levantar el financiamiento. El BID nos ha donado $1.8 millones y tenemos comprometidos otros $800 mil del sector privado con lo que casi completamos el presupuesto inicial de $3 millones, necesario para contratar al personal, elaborar manuales internos, etc. La idea luego es que las tecnologías que ayudemos a desarrollar se conviertan en patentes de cuya venta o regalías obtengamos los recursos para autosostenernos. También le hemos planteado al presidente García que el Estado cree un Fondo Incubadora de nuevas empresas, que sería administrado conjuntamente por Cofide y la Fundación.

C: ¿Cómo pasar de las buenas intenciones a los hechos? MS: Vamos a ir por el camino práctico. No nos vamos a dedicar al diagnóstico, formular recomendaciones o involucrarnos en estudios sobre cómo volverse un innovador. Nos dedicaremos a buscar, activamente, a emprendedores con ideas innovadoras para juntarlos con las instituciones, públicas y privadas, que se dedican a la investigación, incluidos esa inmensa red de científicos peruanos afincados en el exterior. Pero todo lo que hagamos deberá siempre aterrizar en un negocio, que tengan la capacidad de ser escalable y repicable, es decir de convertirse en una industria competitiva. Es un poco reducir el riesgo que lleva implícita cualquier innovación, demostrando que es viable, para que después más inversionistas estén dispuestos a incursionar en esa actividad.

C: ¿Algún sector en especial? MS: Tenemos tres focos o conductores principales para hacer nuestro trabajo. La gastronomía, donde ya somos ganadores.

La textilería, pero orientada a producir para la alta costura y el campo de la tecnología digital (software) que aún está en sus inicios, pero que también creemos que puede ser una posibilidad.

Ahora, no se trata de ayudar a Gastón a abrir otro restaurante.

Quién mejor que él para expandir su negocio. Pero sí podemos comenzar a buscar qué tecnología innovadora se necesita para aumentar la productividad o mejorar la calidad de los insumos que nuestra gastronomía y nuestros chefs, aquí y en el mundo, necesitan para seguir consolidándose internacionalmente.

Allí entramos nosotros.

Lo mismo en textilería. No vamos a ayudar en el diseño, donde talento nos sobra, pero sí vamos a buscar formas para aumentar la producción y calidad de la fibra de alpaca.

C: Hablemos del caso del musgo blanco.

MS: Un buen ejemplo, porque además pone en evidencia un aspecto en el que creemos que podemos dar una aporte fundamental.

Me refiero a la falta de articulación en materia de investigación y desarrollo. Los centros de investigación de las universidades no reciben apoyo de las empresas y cuando las empresas tienen problemas en sus proyectos no recurren a la universidad. El caso del musgo blanco, unas esporas naturales que crecen en la Sierra y muy utilizadas en la florería, fue un proyecto identificado por Sierra Exportadora. Nos lo pasaron, pero como todavía estábamos en formación acudimos a uno de nuestros "inversionistas ángeles" que aportó $150,000 con los cuales se financia la investigación a cargo de la Cayetano Heredia para pasar de la fase recolección- exportación a procesarlas para que, por ejemplo, se puedan utilizar ante derrames de petróleo en el océano. Pretendemos cerrar el círculo mágico de la innovación.

C: ¿Y el caso de la fibra de alpaca? MS: Durante los últimos 30 a 40 años nuestros rebaños de alpaca se han ido deteriorando genéticamente.

Hoy día la minera Hochschild ha investigado bastante en este campo y han tenido éxito en implantar embriones de alpaca en llamas.

Esto es importante porque mientras la alpaca sólo tiene una cría, la llama puede tener dos. Es un "vientre de alquiler".

La idea ahora es reemplazar el ganado alpaquero en Cusco y Puno y progresivamente mejorar su fibra para, de aquí a unos años, multiplicar su valor comercial por diez, con un alto impacto tanto en las comunidades ganaderas como en la industria textil.

C: ¿Y cómo empata esto con el desarrollo de clusters y cadenas productivas? MS: Acá el enfoque tiene que ser de demanda y no de oferta.

Nuestra intención es ir directamente a los grandes textileros del mundo, para ver qué es lo ellos necesitan con un producto como la fibra de alpaca y de allí ir hacia atrás en la cadena.

Habrá que ver en cada caso lo que se puede hacer aquí y lo que no. El cluster no tiene que abarcar necesariamente el 100% del producto.

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Calculan entre 110 y 150 millones de dólares los daños de la base naval de Talcahuano

La base naval de Talcahuano, la más grande de Chile, sufrió daños por 110 a 150 millones de dólares a causa del terremoto que el pasado sábado se registró en una amplia zona de Chile y fue seguido de un tsnuami.

La subsecretaria de Marina, Carolina Echeverría, en declaraciones publicadas hoy por el diario La Tercera, precisó que no se han incluido los daños en los Astilleros y Maestranzas de la Armada (Asmar), situados en mismo puerto de Talcahuano, cercano a Concepción y situado a 531 kilómetros al sur de Santiago.

Según testigos, la base naval fue impactada por tres olas minutos después del terremoto de 8,8 grados Richter, de las cuales la más devastadora fue la segunda, que alcanzó una altura de cinco a seis metros.

Los buques de la Armada apostados en el puerto resultaron sin daños, ya que apenas ocurrido el terremoto salieron a alta mar, incluidos cuatro submarinos.

En los astilleros de Asmar se construían tres naves en el momento de ocurrir el desastre: un guardacostas y un pesquero encargados por Islandia, además de una nave multipropósito que iba a operar como buque científico para la Armada en el Cabo de Hornos.

De hecho, recordó la subsecretaria, la presidenta Bachelet iba a participar de la botadura del barco el sábado pasado.

Según la funcionaria, la prioridad más urgente, desde el punto de vista de la Defensa, es recuperar la capacidad de Asmar y adelantó que al menos uno de los diques podría estar operativo en el corto plazo y se espera, además, armar un pequeño astillero.

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domingo, marzo 07, 2010

Chile respira profundo y encara la catástrofe

Nadie sabe cuándo ocurrirá un terremoto. Los sismólogos pueden anunciar posibles impactos, dados los desplazamientos de las placas teutónicas, pero no existe aún el sistema de alerta temprana y precisa. Lo que sí se sabe es que un terremoto reclamará respuestas inmediatas frente al desastre y obligará a gastos extraordinarios para el retorno a la normalidad.

Instituciones para la emergencia y presupuestos con capacidad de reacción son dos componentes esenciales de una política de catástrofe. Chile ha aprendido desde la experiencia más dura porque su geografía así le determina. Desde las crónicas de la colonia se registra el relato de terremotos que destruyeron ciudades enteras. Darwin, en su vuelta al mundo estudiando especies y geografías, presenció otro en 1835 en Concepción. A comienzos del siglo XX casi desapareció Valparaíso, en 1939 el epicentro estuvo en Chillán y en 1960 se sufrió el terremoto más grande de los registrados por toda la humanidad, con 9.6 grados, quebrando toda nuestra geografía del sur.

De todo ello emergió la sabiduría del rigor. Hay que tener instituciones para la emergencia, hay que tener disposiciones constitucionales para usar recursos con rapidez. Pero también importa tener un país con una economía lo más sana posible, para acceder con prontitud y en buenas condiciones al crédito internacional y así respaldar la reconstrucción sin alterar la marcha hacia el desarrollo. Allí es donde se valora cuando un país tiene un riesgo-país bajo y una deuda pública mínima o inexistente.

Haber establecido a comienzos del año 2000 la regla del 1% del Producto como Superávit Estructural en los presupuestos anuales fue fundamental para poder, en ese momento, enfrentar con una política anticíclica la crisis económica internacional que afectaba al crecimiento de Chile. Luego, cuando vino el alza de las materias primas, en particular el cobre, Chile se vio muy favorecido por esta norma. Gracias a ello hubo ahorros que sirvieron para pagar prácticamente toda la deuda pública del país.

Por ello hoy Chile es un acreedor neto porque nuestros activos exceden a nuestras deudas. En un informe reciente, nos recordaba el ministro Andrés Velasco, de los 30 países de la OCDE, salvo Australia, Luxemburgo y Noruega, Chile figura en la categoría de aquellos países que no tienen deuda porque el activo supera al pasivo.

Como decía en días pasados Sebastián Edwards, un académico chileno residente en California y siempre observador crítico -a veces muy duro- de la marcha económica de Chile: "Es posible aumentar enormemente el gasto público sin poner en peligro la estabilidad macro, ni la reputación del país. Y esto es por un par de razones simples: gracias a la estupenda labor de los ministros Eyzaguirre y Velasco, Chile no tiene, para todo efecto práctico, deuda pública. Vale decir, el gobierno tiene una enorme capacidad para endeudarse en los mercados de capitales a costos bajísimos. Y esta capacidad debe usarse. A esto hay que agregarle el hecho de que las tareas de reconstrucción son gastos de 'una vez', y en ese sentido no representan una presión permanente sobre el presupuesto".

Hoy los datos del desafío de la reconstrucción son elocuentes: más de quinientas mil viviendas están destruidas y muchas otras, dañadas; se estima en más de 2 millones los damnificados; hay carreteras, puertos, puentes, colapsados; y buena parte de la base productiva de la zona central de Chile, afectada.

Aún no existen todos los elementos precisos a la mano para hacer un cálculo de los costos. Hay quienes han hablado de 15 mil a 30 mil millones de dólares, aplicando sus modelos computarizados para la administración de catástrofes. Otros indican que estas cifras son elevadas y piden moderar las estimaciones.

Es cierto que la actividad minera, especialmente el cobre, casi no tuvo interrupción. Tras recuperar la energía eléctrica y evaluar posibles daños, ya el lunes 1° de marzo todas las mineras estaban trabajando. Pero hay sectores como el forestal y el agroindustrial que deberán actuar con urgencia para cumplir con sus metas de exportación. En suma, con el balance en la mano, Chile deberá buscar el crédito internacional para llevar adelante la gran tarea de reconstruir el país. Y allí es donde nos favorece la sanidad financiera ganada.

En estos días, hemos visto el espíritu con que hay que enfrentar la tarea por delante a partir de la colaboración entre la presidenta Bachelet y el futuro gobierno del presidente Piñera. Es esa misma colaboración la que uno esperaría ver en la ciudadanía toda.

El alma nacional siempre supo de solidaridad y de unión ante la adversidad. Por ello, los actos de vandalismo y saqueo que ahora se han visto en las zonas del sismo deben llamar a una profunda meditación entre los chilenos. Ese no es el Chile que estábamos acostumbrados a ver.

Es cierto, en toda sociedad hay elementos delictuales que deben ser sancionados por la misma, pero lo registrado, más allá de los delincuentes, sugiere un malestar más profundo en la sociedad chilena.

El terremoto llegó a 12 días de la transmisión del mando. Sin duda, una circunstancia donde se ponen a prueba las instituciones y la voluntad cívica del país Ojalá los signos de coordinación y sentido de unidad que se han observado en estos días sean el signo del futuro. La reconstrucción va más allá de lo material, también reclama el mejor espíritu de convivencia. Una vez más, Chile debe respirar profundo, juntar fuerza y mirar con optimismo hacia el porvenir; hoy se encuentra en mejores condiciones para enfrentar este enorme desafío, pero la emergencia requiere de ayuda.

Por eso, cuando una vez más la comunidad internacional nos extiende la mano uno siente que no estamos solos frente a la tarea. Gracias, a todos, por esa fraternidad.

Ricardo Lagos
ex Presidente de Chile

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Daños en infraestructura por US$1.200 millones

Los daños en la infraestructura del país asciende a unos 1.200 millones de dólares como consecuencia del terremoto y tsunami que afectaron hace ocho días a una amplia zona del centro sur del país, según informó el sábado el ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar.

El ministro señaló en rueda de prensa que la infraestructura dañada sólo podrá ser repuesta en 3 ó 4 años.

Aclaró que la evaluación no incluye los puertos, algunos de los cuales resultaron con serios destrozos, como es el caso de Talcahuano, 531 kilómetros al sur de Santiago, donde el tsunami posterior al terremoto dejó pesadas naves en tierra y el astillero de la armada tuvo cuantiosos daños.

Bitar manifestó que a excepción de Talcahuano la mayoría de los puertos así como los aeropuertos están operativos. El terminal aéreo de Santiago, sin embargo, debió cerrarse los dos primeros días tras el terremoto. Y el restablecimiento de las operaciones en el aeropuerto aún no es pleno, aunque se ha ido normalizando.

Los vuelos internacionales operan a través del terminal nacional, que sufrió daños menores, mientras que los pasajeros de los vuelos nacionales son atendidos en una carpa gigante.

El ministro señaló que se han evaluado más de mil puntos en que la infraestructura resultó dañada y que el 95% corresponde a destrozos menores en que su reconstrucción quedará iniciada antes que el actual gobierno entregue el jueves el poder al presidente electo Sebastián Piñera.

En la evaluación se incluyen obras concesionadas a privados, como las autopistas.

A su vez, el presidente de la asociación de empresas concesionarias de carreteras, Hermann Chadwick, declaró que "nuestros problemas no superan los 150 millones de dólares".

El empresario minimizó el daño en las modernas autopistas que unen a Santiago con el centro y sur del país. Dijo que las diversas empresas que tienen la concesión de las carreteras operan 2.200 kilómetros con una inversión que demandó 11.000 millones de dólares.

Chadwick dijo que las empresas emprenderán a la brevedad la recuperación de las carreteras, que desde Santiago al sur sufrieron daños que obligaron a algunos desvíos por la caída de puentes y pasarelas o destrozos en las vías.

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Costos en reparación de carreteras no superan los US$ 150 millones

Las empresas concesionarias aseguraron hoy que los costos de los arreglos a las autopistas no se traspasarán a los ususarios por lo que no habrá alza de en los peajes.

"Ni el usuario ni el Estado tendrán pesos de pérdida, el ususario no tendrá cobro mayor de peaje por esto. Tenemos los seguros contratados y nosotros somos responsables de reparar los caminos, son los riesgos de nuestro negocio", dijo a Radio Cooperativa, Herman Chadwick, presidente de la Asociación de Concesionarios de Obras de Infraestructura Pública (Copsa).

A juicio de Chadwick de los 2.200 kilómetros de carreteras concesionadas "no tenemos problemas en más de 80 kilómetros". Agregó que la inversión en infraestructura concesionada en Chile alcanza los US$ 11 mil millones, y las dificultades "no superan los US$ 150 millones, es decir menos del 1,5%.

Copsa indicó que la situación en la Ruta 5 Sur está normalizada y aún está supendido el cobro de peaje en las zonas devastadas, sólo se cobra entre Collipulli y Puerto Montt.

CONECTIVIDAD

A su vez el ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, dijo que "nuestra infraestructura está en buen pie" y que la Ruta 5 está funcionando entera al igual que la ruta costera entre la Sexta y Octava regiones. Hay reparaciones menores en 20 puentes. La actividad en los puertos está normalizándose excepto Talcahuano.

Agregó que este lunes se construirá una nueva rampa para los pescadores artesanales en Constitución. A su vez, explicó que un 60% de la red de agua potable funciona en la Región del Biobío y un 90% en el Maule.

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Gobierno reprueba por actuación frente al terremoto, el 71.8% la califica de ineficiente

El sondeo muestra que la mayoría de los encuestados piensa que la acción del Gobierno fue tardía e ineficiente, condena los actos de vandalismo y confía en la solidaridad de los chilenos. Además, un poco más de la mitad cree que el futuro gobierno está preparado para enfrentar la crisis.

En una semana marcada por las consecuencias del terremoto que afectó la zona centro-sur del país, El Mercurio y Opina sondearon cómo evalúa la gente la eficacia de las autoridades políticas y militares durante la crisis, y el punto de vista ciudadano frente a temas que generaron controversia después de la catástrofe, como los saqueos y la presencia de militares en las calles para garantizar el orden público.

La actuación del Gobierno de la Presidenta Bachelet ha sido blanco de críticas, siendo la demora en la entrega de alimentos, agua y ayuda para los damnificados uno de los puntos más cuestionados.

Y pese a que el Ejecutivo se defendió esgrimiendo problemas logísticos y de comunicación en el país, la mayoría de los encuestados piensa que la reacción de las autoridades gubernamentales no fue la adecuada.

Un 60,4% de los encuestados considera que la actuación del Gobierno para ir en ayuda de las víctimas fue tardía e ineficiente, mientras que sólo un 34,2% piensa que los esfuerzos realizados fueron hechos a tiempo.

Lo mismo sucede cuando se pregunta por el restablecimiento del orden público, alterado por actos de vandalismo y saqueo en las regiones afectadas, donde un 71,8% dice que no hubo eficiencia.

Frente al futuro, los consultados muestran moderado optimismo.
Catástrofe también evidenció debilidades

La falta de un sistema de comunicaciones de emergencia es el principal aspecto que ha quedado en evidencia tras la crisis.

Eso piensa el 53,4% de los chilenos encuestados por El Mercurio y Opina.

Le siguen la mala calidad de las carreteras, con 23,7% de las preferencias, y la falta de un terminal aéreo en Santiago, con 18,7% de las menciones de los consultados.

La mala calidad de las construcciones es otra de las falencias que emergieron con el terremoto.

Aún no terminan de catastrarse las decenas de edificios habitados hace muy poco tiempo o incluso, aún en venta, que han debido ser desalojados por el riesgo que revestían para sus moradores, los que deberán ser demolidos o pasar por un largo tiempo de reparaciones.

Los principales responsables de esta situación según este sondeo serían las constructoras e inmobiliarias, con 66% de las menciones. Más atrás están las municipalidades -encargadas de recibir las obras-, con 9,9% de las preferencias, y el Gobierno, con 4,7%. Mientras que 15,9% de la población piensa que es culpa de todas las entidades mencionadas anteriormente.
La gran mayoría condena los saqueos

Pocas horas después del terremoto, la destrucción y el desabastecimiento dieron paso a escenas de robos y saqueos que comenzaron en las ciudades más afectadas de las regiones del Maule y del Biobío y terminaron incluso en comunas de la Región Metropolitana, como Quilicura, Lampa y Conchalí.

Algunos llevaban leche, pañales y alimentos. "Al principio tuvimos un poco de vergüenza, pero después pensamos que lo importante era cuidar a nuestra gente. En mi casa necesitamos alimento para 20 personas", decía María Machuca, a las afueras de un supermercado en Concepción.

Mientras otros, a rostro descubierto, pasaban con televisores, lavadoras y hasta cajeros automáticos que luego transportaban en camionetas.

Según la encuesta realizada por El Mercurio y Opina, el 71,2% cree que los actos de vandalismo son reprobables y no tienen justificación, mientras que el 26,1% los reprueba, pero considera que están justificados por la necesidad de quienes los cometen.

Respecto del motivo de los saqueos, la gran mayoría de los encuestados (84,6%) cree que son actos delictivos, mientras que sólo el 11,3% considera que se han producido por necesidad.
Creen en futuro gobierno

La mayor parte de la ciudadanía confía en que el futuro gobierno podrá asumir las tareas que quedaron como consecuencia del terremoto.

Frente a la pregunta "¿Cómo ve a las nuevas autoridades del país para hacer frente a la crisis?", el 55,7% de los encuestados cree que están preparadas, mientras que el 33,4% piensa que no lo están.

Las nuevas tareas son variadas. El viernes en la mañana, el Presidente electo, Sebastián Piñera, anunció en el salón Toesca de La Moneda -tras una reunión con las autoridades salientes- que "reformulará su programa de gobierno para poner énfasis en la gran tarea de reconstruir con estándares más altos lo que este terremoto y maremoto destruyeron".

Ya se han anunciado algunas prioridades.

Una de ellas es superar la emergencia ciudadana, con un Ministerio del Interior que estará a cargo de restablecer los servicios básicos en todo el país y resguardar la seguridad pública, sobre todo en las regiones más afectadas.

Otro foco será superar la emergencia productiva y recuperar la conectividad del país a través de la reparación del aeropuerto Arturo Merino Benítez y las carreteras.

Un tercer eje es el plan de reconstrucción en el que participarán los ministerios de Salud, Vivienda, Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones y Educación, que ya están recibiendo información de los ministros salientes.
Errores compartidos

Uno de los cuestionamientos más recurrentes de esta semana fue la tardanza en la decisión de declarar zona de catástrofe las regiones del Maule y Biobío, lo que implicó el control militar de las ciudades y, entre otras restricciones, el toque de queda.

Esta resolución fue tomada recién la tarde del domingo, pese a que los saqueos masivos y organizados a supermercados, pequeños negocios y hasta casas de la provincia de Concepción comenzaron poco después del terremoto.

Era la primera vez que esta resolución era tomada desde el retorno a la democracia, por lo que implicó una fuerte carga simbólica: la última vez que se aplicó toque de queda fue durante el régimen militar, tras el terremoto de 1985.

Un retraso que fue cuestionado por la ciudadanía; un 48,4% piensa que no se optó por esta decisión con anterioridad porque la Presidenta Bachelet no quería terminar su mandato con militares en las calles.

Otra situación controvertida fue la demora en alertar a la ciudadanía sobre la posibilidad de que, tras el terremoto, ocurriera un tsunami , lo que finalmente ha cobrado cientos de vidas.

La encuesta muestra que un 41,8% atribuye ese error a que la Armada no supo explicarse, mientras que un 19,2% piensa que el Gobierno no entendió el mensaje.
Ficha técnica

Encuesta realizada en hogares a residentes del Gran Santiago de 18 años o más.

Tamaño muestral de 600 unidades, distribución proporcional por comunas y con sorteo aleatorio simple.

Margen de error de 4% con nivel de confianza del 95%.

Fecha de aplicación: jueves 4 de marzo de 2010.
Chile, solidario y optimista

Voluntarios que han trasladado alimentos y ayuda a las zonas más necesitadas. Cadenas de correos para informar sobre víctimas de terremoto y lugares de recepción de contribuciones. Grupos de oración, aportes anónimos y la Teletón que se inició el viernes a las 10 de la noche encabezada por Mario Kreutzberger, Don Francisco, han sido muestras de la movilización social que genera la entrega de ayuda para las víctimas del desastre.

La encuesta revela que 82,4% de las personas sondeadas cree que la actitud de los chilenos ha sido solidaria. Y sólo 15% piensa que ha primado el individualismo.

Respecto del futuro, las opiniones están divididas, aunque priman levemente las visiones más positivas.

El 51,1% piensa que después de esta catástrofe el país saldrá fortalecido, mientras que el 45,3% considera que Chile quedará con heridas que costará mucho sanar.

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El terremoto y el tanque

"Varios dicen que gracias al Ejército soy Presidenta de Chile, puesto que de aquí salimos con un Mowag en las inundaciones" -dijo Michelle Bachelet el día 25 de febrero, mientras el general Izurieta la condecoraba.

La Presidenta recordaba así -apenas 48 horas antes del terremoto- el inicio de su fulgurante carrera.

El año 2002 Santiago se había anegado. Entonces se decidió, sin estado de excepción ni nada, que el Ejército saliera a la calle. El resto es sabido: Michelle Bachelet se encaramó en un tanque y principió un ascenso que acabó en la Presidencia.

La ironía de esta historia es que por no haber repetido ahora lo que sin inconveniente hizo seis años atrás-subirse a un tanque- saldrá de la Presidencia con su prestigio severamente magullado.

¿Qué pudo ocurrir para que -luego del terremoto y cuando ya nada se tenía en pie Bachelet se mostrara tan reticente con los militares, los mismos a los que, horas antes, y en tono de humor, agradecía?

-Todas las explicaciones que se han dado hasta ahora son malas.

La más difundida -el Ministro Bitar se encargó de propalarla- es que los miembros del gobierno fueran presa de los malos recuerdos. La imagen de soldados en la calle y ciudadanos retenidos en sus casas habría sido simplemente intolerable.

Esa explicación -podría llamarse psicoanalítica: un grupo de personas adultas paralizadas por el recuerdo- es más bien indigna. Se espera de quienes administran el Estado un mayor control de las propias emociones, algo de circunspección, especialmente en esos momentos en los que nada parece tenerse en pie. La imagen más clásica del político -la expuso Maquiavelo, la mostró Mirabeau, por nombrar dos que no tienen conflictos de interés con los sucesos de estos días- es la de un sujeto cuya principal virtud consiste en controlar sus emociones y actuar con sentido de realidad.

O sea, sujetos capaces de vencer la resistencia que impone el recuerdo. Capaces de hacer lo que -según insinúa el ministro Bitar- fue, en esta ocasión, muy difícil.

La otra explicación que ha trascendido es peor.

En este caso no serían los temores inconscientes los que habrían impedido actuar a tiempo, sino el simple cálculo y el miedo, no al terremoto, sino a que, una vez puestos los militares en las calles, la popularidad de la Presidenta se viniera al suelo. De ser cierto ¿-cómo saberlo?- el asunto abonaría una mala sospecha: la de que la Presidenta debe buena parte de su prestigio al celo comunicacional, algo que no habría abandonado al gobierno ni siquiera cuando la tierra temblaba.

Como quiera que sea -fuere cual fuere la explicación- la indecisión del Gobierno no sólo dejó espacio para que la violencia floreciera. También dio ocasión para que generales y almirantes -levemente ensoberbecidos por la demanda ciudadana- abandonaran sus deberes y se comportaran de una manera inaceptable.

¿Dónde se ha visto que generales y almirantes litiguen con la autoridad civil, relativicen responsabilidades por la prensa, y deslicen trascendidos respecto de lo que hicieron o dejaron de hacer, de lo que informaron o dejaron de informar?

La confrontación entre la Presidenta y los jefes militares -que equivale a un abandono casi explícito de deberes de parte de estos últimos- es simplemente inaceptable y no debe ser tolerada. Nadie duda de la importancia de las Fuerzas Armadas -menos en ocasiones como éstas-, pero nada debe hacer olvidar que, en estos y en otros momentos, ellas deben estar subordinadas al poder civil y sus jefes mantener los modales.

La ironía de esta historia es que lo que, en medio de una inundación, comenzó bien arriba de un Mowag, va a terminar mal, para la Presidenta y para los militares, luego de un terremoto.

Y todo por no subirse a un tanque.

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Carta al director: Razones de la demora

Señor Director:

No comparto con el ministro del Interior las razones que tuvo el Gobierno para no declarar inmediatamente el estado de catástrofe.

Sostuvo que no tenían información suficiente y que los militares en las zonas afectadas eran escasos para manejar el toque de queda.

Ante la primera excusa, cabe preguntarles: “¿por qué entonces la señora Presidenta se constituyó en la Onemi de madrugada? ¿Por qué él llegó a las 07:00 desde la V Región? Eso fue así porque tenían información de que la situación era gravísima. Tenían más información de la que obtuve a través de una emisora argentina que dio cuenta que la agencia de Estados Unidos NOAA declaraba que en Chile se había producido un terremoto grado 8,8 de la escala de Richter.

La segunda razón es más bien otra, como lo reconoce el ministro Bitar: no estaban dispuestos a dañar la imagen de la Presidenta y de la Concertación con los militares en la calle manejando la crisis.

A estas alturas está claro que el Gobierno tuvo información suficiente y que se resistió por razones políticas a declarar de inmediato el estado de catástrofe.

Contrasta esta forma de actuar con la asumida por el gobierno que enfrentó el terremoto del año 1960.

Es esa oportunidad, ante un terremoto similar en extensión y superior en intensidad, que alcanzó los 9,5 grados de la escala de Richter, quedaron absolutamente cortadas las comunicaciones con la zona sur, y el gobierno se impone a través de un comunicado del periodista Enrique Folch, que informa de la tragedia por transmisiones de radioaficionados.

El Presidente Alessandri procede a suspender las celebraciones de ese 21 de Mayo. Convoca a una reunión de emergencia para tomar medidas urgentísimas. Las Fuerzas Armadas toman por instrucción presidencial de inmediato el control del orden público y se integran a otras tareas logísticas de ayuda de comunicación y de reconstrucción.

Se dictan los decretos de emergencia para poder organizar la entrega de alimentos, una pronta ayuda económica y un decreto para poder fijar los precios. El propio Presidente y sus ministros dentro de las limitaciones de la época viajan a las provincias afectadas y organizan a los intendentes y gobernadores con instrucciones directas y precisas.

Y en ese tiempo no había internet, no había celulares, los teléfonos eran bastante limitados en relación a los actuales y se carecía de los medios aéreos versátiles como los contemporáneos.

Para enfrentar la emergencia y la incertidumbre primó que lo esencial era preservar el orden público. Y eso se realizó de tal manera, con tanta inteligencia, con tanta oportunidad, que se logró enfrentar con recursos mínimos el mayor terremoto desde que se tiene registro y también con tsunamis.

Tanto es así, que el gobierno de Alessandri pudo manejar el problema del Riñihue. ¡Prácticamente increíble! De no haber sido de esa forma, hubiesen desaparecido Valdivia y 100 mil compatriotas.

Ésta es la diferencia sustancial en el manejo de ambas crisis. Uno resolvió y el otro todavía evalúa.

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Patricio Navia: Daños colaterales

Inevitablemente, la memoria histórica del terremoto del bicentenario quedará asociada tanto a la destrucción provocada por la catástrofe y el maremoto, como a las imágenes de los saqueos del día siguiente. El dolor de la tragedia estará acompañado por la vergüenza de esas imágenes que mostraron que, después del terrible golpe de la naturaleza, la reacción de algunos chilenos podía ser tan indigna.

En situaciones similares en otros países, el temor al desabastecimiento, la incertidumbre sobre lo que se vendrá y la sensación de desamparo han producido reacciones similares en la población. En la historia de Chile también hemos tenido reacciones similares después de terremotos y otras catástrofes. Por ello, los gobiernos tienen la obligación de demostrar con premura que están en control de la situación. Ya que reaccionó con lentitud, el gobierno comparte parte de la responsabilidad, por la sensación de caos que permitió el saqueo y que se alimentó producto de las imágenes que emitieron los medios de comunicación, informando sobre el pillaje.

Los daños de un sismo a veces resultan inevitables y las tragedias que produce un terremoto nos recuerdan que, pese al avance de la ciencia y tecnología, la naturaleza sigue siendo mucho más poderosa. Pero los efectos posteriores al terremoto sí se pueden controlar con más efectividad. La rápida respuesta del gobierno permite calmar ánimos y tranquilizar espíritus. Cuando ocurre un sismo de esa magnitud y las réplicas se sienten con frecuencia e intensidad, es inevitable que cunda el temor. Las catástrofes son solo leña seca para alimentar los saqueos. Los saqueos ocurren porque hay criminales que encienden las mechas de la incertidumbre. Por eso, es tarea y obligación del gobierno dar señales tempranas y convincentes de que está en control de la situación.

En democracias saludables -y Chile se precia de serlo-, las autoridades tienen la obligación de proteger el orden público y asegurar la seguridad. Las fuerzas policiacas, y las FF.AA. en ocasiones de catástrofe, deben asumir la compleja misión de garantizar la seguridad. Además, el mantenimiento del orden facilita la llegada de la ayuda humanitaria y de la respuesta inmediata de la burocracia estatal -e iniciativas privadas- destinadas a reparar los daños y proveer el apoyo a las víctimas.

Resulta natural que las autoridades echen mano a todos los recursos institucionales que están autorizados a utilizar para asegurar el orden. Las FF.AA. constituyen una herramienta especialmente efectiva para asegurar el orden público en situaciones de catástrofe. En democracias sólidas, los presidentes legítimamente electos envían las tropas a las calles sin trepidar.

El terremoto nos recordó que, para muchos compatriotas, las FF.AA. todavía están asociadas con los dolorosos recuerdos de la dictadura. Es lamentable que ese trauma histórico haya estado también presente en las decisiones que tomó La Moneda en las horas posteriores al sismo. De haber actuado en consecuencia con el discurso de la normalidad democrática y asumiendo como realidad las repetidas arengas sobre el buen funcionamiento de nuestras instituciones, Michelle Bachelet hubiera tomado las medidas necesarias- incluido el envío de tropas a las zonas afectadas- para asegurar la paz y el orden en las zonas afectadas mucho antes de que las imágenes de saqueos y pillajes se hayan convertido en parte dolorosa -y evitable- de esta tragedia que enluta al país en su bicentenario.

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Saqueadores devuelven 2 millones de dólares en bienes

Saqueadores que actuaron tras el terrremoto y tsunami del 27 de febrero en Chile devolvieron bienes y enseres domésticos por valor de unos 1.000 millones de pesos (dos millones de dólares), informó este domingo la presidenta Michelle Bachelet en Concepción (sur).

"Esos saqueos nada tienen que ver con la sobrevivencia (..), tienen que ver con gente que busca lucrar en medio del dolor. Hay vecinos indignados porque algunos estaban vendiendo estas especies. Los bienes tienen un valor de 1.000 millones de pesos", dijo la Presidenta en una rueda de prensa.

Bachelet formuló estas declaraciones tras recorrer el edificio de un gimnasio municipal en el cual centenares de televisores, lavarropas, mesas, sillas, sofás y otros electrodomésticos fueron despositados como si estuvieran en un local comercial, tras ser trasladados en 35 camiones.

Un centenar de personas fueron arrestadas en distintos procedimientos, dijo la mandataria en esta ciudad a 500 km al sur de Santiago, en una de las regiones más castigadas por el fenómeno natural que causó centenares de muertos y desaparecidos.

Saqueadores de la ciudad de Concepción, en el sur de Chile, devolvían este domingo enseres domésticos robados de casas y tiendas, hace una semana, bajo amenaza de sufrir allanamientos y detenciones, constató la AFP.

Patrullas policiales en vehículos con altavoces recorrieron la población (asentamiento) de Palomares, habitado por gente de humilde condición económica, advirtiendo que mejor sería devolver lo robado para evitar un allanamiento.

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'Así viví el terremoto de Chile', dramático relato de escritora colombiana

Yolanda Reyes viajó al país austral a un congreso y terminó viviendo una dura experiencia.

Lo que voy a contarles no es precisamente un cuento para niños. Planeaba escribir sobre el Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil, organizado por la Fundación S.M en Santiago de Chile, como antesala del V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se habría celebrado en Valparaíso durante esta semana, pero a veces a un genio le da por salir de su botella y destrozarlo todo.

El día primero comenzó con el pasado de la literatura infantil, el segundo estaba dedicado a su presente y, el tercero, 27 de febrero, el turno era para el futuro. Aunque la caprichosa Tierra no nos dejó saber cómo será, estoy aquí, contando el cuento, después de un terremoto que obtuvo el nada despreciable décimo lugar en el escalafón de los más fuertes. Hoy, cuando casi todos los asistentes al congreso logramos regresar a nuestros países sin dejar de pensar en el horror que continúa para quienes se quedaron, puedo decir que nos salvamos.

Pido disculpas por pasarme a la primera persona del singular, pero no cuento con otra perspectiva más abarcadora. Seguramente ustedes, que vieron el terremoto por televisión, conocen los "hechos objetivos". A mí me sorprendió, de madrugada, dormida en una habitación del Hotel Plaza San Francisco, en el centro de Santiago, y no tengo noción de su duración exacta.

Para darles una idea de esos más de dos minutos que midieron los relojes, me desperté con un movimiento fuertísimo que sacudía la cama y tardé un tiempo en entender que aquello era un terremoto: no un temblor. ¿Cómo se mide esa distancia entre uno y otro, sin 'tener a la mano' una escala de Richter? Podría decir que por el movimiento y por el ruido, pero también por eso que se llama pánico y que, pese a ser de la familia del miedo, es su pariente primitivo.

Un pánico animal

Me explico: al comienzo me asusté mucho, pero tenía la esperanza de que pasara. Mi 'noción de tiempo interno', aprendida en tantos temblores, pasó de la pregunta '¿qué es eso?', a la respuesta: 'está temblando', y siguió con ciertos argumentos, digamos racionales: 'seguramente comenzó antes de despertarme y ya no puede durar tanto...' Pero seguía durando y sonaban cosas que caían (¿en el cuarto, en el edificio, en la ciudad?)... Y, cuando el tiempo superó lo predecible, me sobrevino un pánico animal, que debe estar situado en el cerebro de serpiente y que quizás solo se siente cuando la supervivencia está amenazada.

La sensación de vivir el fin del mundo, sola, en ese cuarto, se convirtió en otro pánico, cómo llamarlo: ¿resignado?... Como si me entregara y aceptara que ya no había nada que hacer.

Entonces, milagrosamente, cesó. Después supe que habrían bastado unos segundos más o una fracción minúscula en la escala para que hubiera sido irremediable, ¡y eso que Santiago está lejos del epicentro, cerca de Concepción! Me aterra imaginar cómo fue allá, pero la duración sí fue la misma eternidad y en eso coinciden mis colegas mexicanos y chilenos, con años de experiencia sísmica.

Pasé varios minutos petrificada en esa cama hasta que me atreví a encender la luz, lo cual fue una sorpresa, pues había visto un resplandor durante el terremoto, que bien podía señalar el fin del mundo y fue sólo un corte de energía. (Afortunadamente, el edificio tenía planta eléctrica). Aún en la cama, rodeada de lámparas caídas y vasos rotos, llamé a la recepción, -ahora me avegüenza mi gesto de 'room service'- y el recepcionista me dijo que el edificio no tenía daños graves.

Aunque pensé que era inoportuno hacer llamadas a esa hora, llamé a tres cuartos de amigos y nadie contestó. ¡Entonces entendí que no atendían sus teléfonos por la sencilla razón de que todos se habían ido a un terremoto! Entre daños de mampostería, bajé por la escalera y llegué al lobby, en donde me llevaron de la mano hacia la calle para reunirme con mis compañeros, que me estaban buscando, y con los invitados a una boda en el hotel, lo cual le daba al grupo un toque heterogéneo: una toalla minúscula, a la manera de la hoja de parra, pijamas y trajes con lentejuelas: todo valía.

En ese rango amplio del atuendo, se ubicaron también las reacciones. Desde mi inepta lentitud, hasta la audacia de quienes alcanzaron a bajar diez pisos y a devolverse para rescatar a sus amigos, mientras el terremoto continuaba. Incluso alguien se metió entre la bañera de su cuarto, pues confundió el manual de terremoto con el de huracán. Quizás esa instrucción de 'ante todo, conserve la calma', escrita en los folletos para casos de sismos, resulte impracticable cuando se superan 8 grados y ya nada depende de nosotros.

En ese sentido, la confesión de Juan Villoro es elocuente: desde el terremoto del D.F, él decidió que iba a estudiar muy bien qué hacer, en caso de otro terremoto. Pero la preparación de tantos años no le sirvió para este terremoto. De nuevo lo afrontó sin saber nada.

Entre sirenas y oscuridad

Del tiempo que pasamos en la calle, casi hasta el amanecer, recuerdo las sirenas de ambulancias, los ladridos de los perros, la oscuridad de esa ciudad incierta, que nadie sabía si estaba en pie y la insistencia del personal del hotel para que regresáramos, por el peligro de los robos. Me sorprendió ver meseros con bandejas llenas de vasos de agua, al estilo del Titanic...¡como si ellos no hubieran estado en el mismo terremoto!, y se me quedaron puestos para siempre los abrazos de mis amigos, como si todos fuéramos parte de una familia numerosa.

Pero lo que se me grabó como una premonición fue la frase de Daniel Goldin, un sabio editor mexicano, cuando le dije que afortunadamente tenía pasaje de regreso para el día siguiente: 28 de febrero. "Se nota que no tienes experiencia en terremotos. Olvídate del aeropuerto", me advirtió.

Entonces comencé a entender, con mi habitual efecto retardado, que un terremoto no es sólo el remezón que parte nuestra vida en antes y después, sino lo que comienza justo después del hecho físico. Y no sólo me refiero a las réplicas telúricas con las que reacciona la tierra para reacomodarse, sino a las réplicas con las que intentamos reacomodarnos los humanos y que son bastante menos predecibles.

El no querer dormirnos para no tener jamás que despertarnos en medio de ese pánico, el estar varados en un hotel, como una isla, sin posibilidad de tomar un vuelo de regreso que no existe, y el no saber si es mezquino alegrarse por ese dato básico: estar vivos, en tanto que otros están muertos. Y la eterna pregunta sin respuesta: ¿por qué a ti, por qué no a mí?

La eterna tensión entre egoísmo y altruísmo, entre salvar el pellejo de la bestia y ser miembro de ese grupo llamado 'los humanos', oscila como un péndulo en situaciones límite para mostrarnos lo mejor y lo peor de nuestra condición. Ese péndulo que puede mudar de un lado a otro en un instante, como se cambia el miedo por el pánico, como muda La Fortuna: en un instante.

Ese hilo que no vemos

Miro la foto que nos tomaron en las escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, con más de 400 sonrisas congeladas. Será la última imagen del edificio, antes de que se rompiera esa escalera por la que subimos y bajamos los dos días que duró este congreso, planeado minuciosamente desde hace más de un año. Tal vez lo que atormenta es que hubiera podido suceder siete horas antes, o siete horas después. Que hubiera podido durar unos segundos más. Que la gente que dejamos y la que nos da la bienvenida, y todo lo planeado, penden de ese hilo tenue que no vemos y que esta vez no se rompió.

Quizás porque esta vez no se rompió, en la carpa del hotel que albergó nuestras historias la mañana después del terremoto, alguien leyó: "Y se hizo el silencio. Y Scherezada continuó".

YOLANDA REYES, ESCRITORA

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Chile de nuevo en el corazón

J. J. ARMAS MARCELO

DESDE hace muchos años llevo Chile en el corazón. No como una espina, sino como una rosa. Nos enamoramos de un país, por la gente, el ambiente, la política, la risa, la memoria, el amor mismo, una mujer, su vida, su muerte. Nos enamoramos de un país en un instante determinado de nuestras vidas, a veces sin saber exactamente cuáles son las razones que provocan esa pasión que crece con el tiempo, como una añoranza ardiente, que nos hace regresar a esa tierra cada vez que podamos.

Me enamoré de Chile por Neruda, por Allende en su momento, por Violeta Parra, por el congrio, por los amigos, por el paisaje de la memoria. Fui a Chile, pues, cuantas veces pude, porque sabía que allí iba encontrar muchos más amigos que en cualquier otro lugar. Isleño, al fin y al cabo, reconocía en Chile otra forma de ser isla y me miraba, al fin, en un espejo semejante al de mi tierra. Me enamoré porque, al contrario que en otros países de América Latina, en Chile no se educa en los colegios a sus niños afirmándolos una y otra vez en la mitología y en la heroicidad nacional, sino en el esfuerzo. Chile es, se les inculca a los educandos, un país pequeño que hay que levantar todos los días (¡Fuerza, Chile!) levantándose temprano, trabajando con gran esfuerzo, creyendo en el país y en sus gentes. Y yo, que no soy chileno, creo en ese país y en sus gentes.

Al escritor Joaquín Edwards Bello, en plena guerra mundial, le preguntaron en París dos viejecitas que por qué no estaba en el frente. El inútil de la familia, como lo llamaban los Edwards (de donde salió la novela del mismo título de mi amigo Jorge Edwards), contestó con una lucidez inmediata. «Soy chileno», dijo. «¿Y eso es grave?», preguntaron las viejecitas. Y sí, no es una enfermedad ser chileno, pero a veces es grave. Tampoco lo es querer a los chilenos y querer a ese país, pero hay momentos en que los golpes duros tenemos que hacerlos propios también por amor. Al chilenísimo Huidobro le preguntaron, una vez que regresó a Santiago desde París (donde vivía), cómo se sentía en Chile. «¡Como en mi segunda patria!», ironizó el autor de «Altazor».

Había hecho la maleta para volar a Santiago de Chile el sábado 27 de febrero en la noche. Iba a asistir como invitado al V Congreso de La Lengua, que tendría lugar en Valparaíso esta misma semana. Hice la maleta ilusionado, porque además «moderaría» la mesa de Homenaje a la Poesía Hispanoamericana actual, en la que participarían los poetas Juan Gelman, Nicanor Parra, Francisco Brines, Carlos Germán Belli y Eduardo Lizalde. De una u otra manera los conocía a todos personalmente, y -desde luego- los he leído y los admiro a todos, como personas y como poetas. Son cumbres en nuestra poesía, cada uno a su modo, y encontrarme con ellos en Valparaíso, estar con ellos sentado en la misma mesa y «conducirlos» era un reto de responsabilidad y un honor que esperaba con la certidumbre de la satisfacción final. Además, iba a ver en Valparaíso a maestros y amigos, todos reunidos en torno a nuestra manía y fiesta principal, la lengua española. Pero nada más levantarme ese sábado, en las horas de la mañana y antes de leer los periódicos, las emisoras de radio me dieron la terrible noticia: un terremoto con epicentro en el mar, cerca de Concepción, había destruido la región y se había hecho sentir en todo el país. En Chile era de noche todavía, pero me puse al ordenador y le envié un mensaje a Jorge Edwards, que contestó inmediatamente. La familia estaba bien, los amigos también, todos estaban bien, «pero había sido muy fuerte, demasiado fuerte».

Leí despacio el mensaje electrónico y cerré los ojos. Pensé en Chile. Recordé una vez, hace muchos años, una mañana en la que me estaba duchando en el baño de mi habitación, en el Sheraton de San Cristóbal, Santiago, y de repente comencé a bailar peligrosamente dentro de la tina, mientras un estrépito espantoso, como de martillazos constantes y crecientes, me rompía los oídos. Abrí la cortina de la tina y vi que todo bailaba de un lado a otro. Se fue la luz, pero yo seguía viendo bailar al oscuro la toalla de baño blanquísima colgada del toallero. Parecía la sábana en la que se envuelven los fantasmas para aterrorizar a los mortales. De inmediato, el temblor calmó. En el desayuno le pregunté al camarero si había sido un terremoto. «No, sólo un temblor», me dijo sonriéndose amablemente, «un terremoto es un desastre, señor».

Cuando los boletines de las emisoras de radio y televisión iban subiendo las cifras de muertos en la tragedia chilena, subía mi angustia en el corazón. Un suerte de ansiedad que pensé que había dejado atrás hace años se hizo dueña de mi estado de ánimo y comenzó a emborracharme, atenazándome y ahogándome cada una de las ideas que se me ocurrían a cada instante. Estaba preso de esa angustia, me sentía sometido a una incertidumbre e impotencia que, durante toda la mañana, se ocupó de mí hasta convertirme en un zombi que seguía las noticias de Chile como si se tratara de mi propio país. Volví, una y otra vez, a pensar en mis amigos. Recordé toda la historia de Carmelo Soria y me acordé de su hija, la gran Carmen Soria, un amor de mujer que luchó desde el principio para recuperar la dignidad de su padre y condenar a los militares asesinos que lo secuestraron y mataron. Recordé al novelista Carlos Franz, y a Germán Marín, recordé de nuevo amigos y amigas.

Los recordé a todos, mientras seguía cayendo en la peor de la tristeza cada vez que el número de muertos en el terremoto iba subiendo. Recordé, entonces, con otro aire distinto al de siempre, el verso surrealista de Pablo Neruda: «Patria, palabra triste, como termómetro o ascensor». O aquel del mexicano Pacheco titulado «Alta traición»: «No amo mi patria./Su fulgor abstracto/es inasible./Pero (aunque suene mal)/daría la vida/por diez lugares suyos /cierta gente,/puertos, bosques de pinos,/fortalezas, una ciudad deshecha,/gris, monstruosa,/varias figuras de su historia,/ montañas/y tres o cuatro ríos». Es decir, ese día de dolor sentí Chile en el corazón, de nuevo, como Huidobro pero en serio: como mi segunda patria. Esa segunda patria donde iba a tener lugar un congreso sobre la primera patria de todos, nuestra lengua española, la misma que mañana se llamará (palabra de Dámaso Alonso en su momento) lengua hispanoamericana. Y recordé a Víctor García de la Concha, el director de toda esa reunión. Y me sentí así, por los suelos, como si el mundo se hubiera hecho añicos en un solo minuto terrible.

Poco a poco, pasé el día sin dejar de pensar en Chile, en mis correrías por aquel país, en sus museos, sus músicas, sus gentes y sus gastronomías. Y en la noche, cuando todo se había suspendido en el aire por culpa del terremoto, yo solo en mi casa de Madrid, di el grito de amor en español hacia aquel país del alma: «¡Fuerza, Chile, carajo!».

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Chile: economía y mercado de valores exitoso

En la última semana solo se habla de Chile y su devastador terremoto. Sin duda una grave tragedia que impondrá un gran esfuerzo de reconstrucción por parte del nuevo gobierno de Piñeira. Pero poco se conoce de su economía y mercado de valores exitoso.

Reformas de libre mercado + Disciplina = Éxito económico. A diferencia de otros países en vías de desarrollo, particularmente en Latinoamérica, Chile ha sido un modelo de cómo un pequeño país en vías de desarrollo ha conducido sus temas económicos y financieros. Un país con 17 millones de personas, tiene hoy una de las más exitosas economías y mercados de valores a nivel mundial; además de poseer unos de los ingresos per cápita más elevados de América Latina. A pesar de sus impresionantes logros alcanzados, el éxito de Chile ha sido muy poco divulgado y se ha mantenido con un bajo perfil. Pocos son los países que han tratado de seguir o replicar el "Milagro Chileno". ¿Cómo lo ha logrado? Chile se ha convertido en una economía exportadora. Durante 2008, las exportaciones rondaron los US$ 68.000 millones y las importaciones US$ 44.000 millones. En los 70, el 60% de lo que exportaba era cobre, porcentaje que bajó al 35%, y proyecta, para 2010, estar entre los 15 mayores proveedores globales de alimentos. Hoy la industria del vino y muebles son de gran reputación a nivel mundial y sus ventas a los mercados desarrollados se incrementan cada año. El crecimiento de la economía chilena promedio entre 1991-1997 un 8%, rivalizando con las economías de los países asiáticos (tigres asiáticos). El PIB per cápita (PPA) se cuadruplicó, a más de US$ 14.000, desde 1990 y superaría los US$ 18.000 para 2014. Tiene el Índice de Desarrollo Humano, (0,878), más alto de Latinoamérica, una esperanza de vida de 77,74 años y la tasa de mortalidad infantil (7,8/1000) a nivel de los países desarrollados. Pero lo más significante es la fuerte disminución de la pobreza, del 45,1% en 1987 al 13,7% en 2006. Chile, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) según la CEPAL habría bajado 1,8% en 2009, en concordancia con toda la región, según la OCDE crecería 4,1% en 2010 y 5% en 2011. Para JP Morgan, las proyecciones de crecimiento para el 2010 podrían situarse en un 5%. A finales del año pasado la OCDE, incluyo a Chile como el primer país latinoamericano en participar en esta organización de los países desarrollados del mundo. Se estima que será un país desarrollado entre 2018 y 2020.

El designado ministro de Hacienda, Felipe Larraín, quiere crecer 6% promedio para 2010-2013, erradicar la indigencia para 2014 y la pobreza en 2018. Para esto se flexibilizaría el mercado laboral; con menor presión tributaria, se estimularía la inversión para aumentarla a 28% del PIB en 2013.

Mercado de capitales y valores. La clasificación de la Deuda Soberana, según S&P, es A, como Islandia o Italia. La Deuda Externa Bruta bajó al 30% del PIB: 11% privada, 15% Banco Central y solo 4% el Gobierno, uno de los más bajos del mundo. Contabilizando los activos financieros, Chile es acreedor neto frente al mundo siendo un fuerte inversor externo. El mercado de valores chileno es uno de los más importantes de la región y de mayores volúmenes y peso en relación a la economía. A raíz del establecimiento en 1981 del Sistema de Seguridad Social y Fondos de Pensiones de capitalización Individual, se privatizó el sistema. Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), al 2007, administraron más de US$ 50 mil millones, lo que ha permitido el desarrollo de los mercados de capitales y de valores tremendamente. El mercado Chileno ha sido en la última década uno de los más consistentes en su desempeño y se ha posicionado en el tercer lugar a nivel mundial. Este año, el mercado de valores chileno ha sido uno de los más resaltantes entre los mercados emergentes, subiendo más de un 6.9%, el de mayor desempeño de los mercados latinoamericanos. Por ejemplo su iShares MSCI Chile Investable Mkt Idx (ECH), que se estableció el 20 de noviembre 2007, arroja un rendimiento hasta la fecha de 20%.

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The Wall Street Journal: Cómo Milton Friedman salvó a Chile

Milton Friedman murió hace más de tres años. Pero no cabe duda de que su espíritu protegió a Chile en la madrugada del sábado. Gracias en buena parte al economista estadounidense, el país ha soportado una tragedia que en cualquier otro sitio habría sido apocalíptica.

La magnitud de un terremoto se mide en una escala logarítmica. El terremoto que afectó en 1994 a Northridge, California, fue de una magnitud de 6,7 en la escala de Richter. Pero sólo liberó la mitad de energía sísmica que el de 7,0 que asoló Haití en enero, que fue el equivalente a la explosión simultánea de 2.000 bombas del tamaño de la que cayó sobre Hiroshima.

En cambio, el terremoto del sábado en Chile alcanzó una magnitud de 8,8. Es decir, casi 500 veces más potente que el de Haití, o aproximadamente un millón de Hiroshimas. Sin embargo, el balance provisional de fallecidos —795 en el momento de escribir estas líneas— es muy inferior frente a las 230.000 personas que se estima han muerto en Haití.

No es causalidad que los chilenos habitaban en casas de ladrillo, y los haitianos en casas de paja, cuando llegó el lobo a derribar la vivienda. En 1973, el año en el que el gobierno protochavista de Salvador Allende fue derrocado por el general Augusto Pinochet, la economía chilena estaba en ruinas. La inflación alcanzaba una tasa anual de 1.000%, se habían agotado las reservas extranjeras y el PIB per cápita era aproximadamente el de Perú y muy inferior al de Argentina.

Lo que Chile tenía era capital intelectual, gracias a un programa de intercambio entre la Universidad Católica y el departamento de economía de la Universidad de Chicago, por aquel entonces el hogar académico de Friedman. Incluso antes del golpe de Estado de 1973, varios de los Chicago Boys chilenos habían redactado una serie de propuestas que equivalían a un manual para liberalizar la economía: drásticas reducciones del gasto fiscal y de la oferta monetaria; privatización de las compañías estatales y eliminación de obstáculos para la libre empresa e inversión extranjera, figuraban entre las medidas.

En la mitología izquierdista —especialmente en el tedioso y largo libro La Doctrina del Shock, de Naomi Klein publicado en 2007— los Chicago Boys no fueron simplemente los compañeros de ruta tecnocráticos de la dictadura de Pinochet, sino cómplices de sus crímenes. "Si la teoría económica pura de Chicago se puede llevar a cabo en Chile sólo con el precio de la represión, ¿deberían sentir alguna responsabilidad sus autores?", escribió el columnista Anthony Lewis en The New York Times en octubre de 1975. En realidad, Pinochet había sido indiferente a los consejos de los Chicago Boys hasta que la persistente crisis económica lo obligó a buscar alternativas. En marzo de 1975, se reunió durante 45 minutos con Friedman y le pidió que le escribiera una carta proponiéndole algunos remedios. Friedman respondió un mes más tarde con una propuesta de ocho puntos que reflejaba básicamente las ideas de los Chicago Boys.

Después de esto, Friedman se pasaría el resto de su vida siendo acusado de ser cómplice del mal. Durante la ceremonia de entrega del premio Nobel de Economía al año siguiente fue recibido con protestas y abucheos. El propio Friedman nunca pudo decidir si los insultos lo divertían o molestaban. Posteriormente, indicó con un dejo de ironía que había dado a las dictaduras comunistas el mismo consejo que a Pinochet, sin ser criticado por la izquierda.

En Chile, Pinochet designó a una sucesión de Chicago Boys en los principales cargos económicos. Para 1990, el año en el que cedió el poder, el PIB per cápita había subido 40% (en dólares de 2005) mientras las economías de Perú y Argentina se estancaron. Los sucesores democráticos de Pinochet —de una coalición de centroizquierda— ampliaron la ofensiva liberalizadora. El resultado es que los chilenos se han transformado en el pueblo más rico de Suramérica. Tienen los niveles más bajos de corrupción, la tasa de mortalidad infantil más baja y el menor número de personas que vive por debajo del umbral de la pobreza.

Chile también cuenta con uno de los códigos de construcción más estrictos del mundo, algo que tiene sentido en un país que está entre dos placas tectónicas masivas. Pero tener códigos es una cosa y hacerlos cumplir es otra. La calidad y consistencia de la aplicación de las normas está relacionada generalmente con la riqueza de las naciones. Mientras más pobre un país, más probable que se intenten reducir costos con el acero de refuerzo, o se use concreto de mala calidad, o se mienta sobre el acatamiento de las normas. En el terremoto de 2008 en Sichuan, China, miles de niños quedaron sepultados bajo escuelas construidas de acuerdo a los códigos.

En La Doctrina del Shock, Klein titula uno de sus capítulos "El mito del milagro chileno". En el libro, la única cosa que lograron Friedman y el resto de los Chicago Boys fue llevar la riqueza a la clase alta y eliminar la mayor parte de la clase media. Pero los chilenos de todas las clases sociales —que enfrentan las secuelas de un shock real— pueden tener otra interpretación de Friedman, que los ayudó a darles los recursos primero para sobrevivir al terremoto, y ahora para reconstruir sus vidas.

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Cobre estable y dólar en picada anuncian economistas para el Chile post terremoto

Analistas reconocen que si bien el cobre podría mantenerse en valores similares a los actuales, el dólar tenderá a la baja y se situará, en los próximos meses, bajo la barrera sicológica de los $ 500.

Especialistas consultados por Terra.cl dieron a conocer su análisis respecto a las proyecciones económicas de Chile, luego del terremoto que afectó al país el sábado 26 de febrero.

En primer término, los expertos coinciden en que los precios del cobre deberían mantenerse sin muchas modificaciones respecto a las expectativas existentes antes del terremoto.

Joseph Ramos, docente de la escuela Economía de la Universidad de Chile, señala " el daño que tuvieron las mineras (tras el desastre) no fueron muchos, entonces creo que el alza inicial, que tuvieron por el temor a ciertos cortes en la producción, no tuvieron mucho efecto".

Respecto a las proyecciones de los próximos meses, Ramos es claro, "yo te diría que el precio del cobre todavía se proyecta en torno a los US$ 3 la libra por el resto del año, independiente del terremoto", por lo tanto, "esto es un cobre "bonanza", durante el resto del año".

PROYECCIONES DEL DÓLAR

Sin embargo, un precio alto del cobre estimula la caída en los valores del dólar en los próximos meses. El economista de la Universidad Central, Javier Latorre, dijo "el dólar está súper claro que, lo que debería empezar a ocurrir, es que va a seguir con una tendencia a la baja".

"El hecho de que tengamos la necesidad de levantar financiamiento, sea externo o interno, porque nosotros podemos levantar bonos que se vendan en el mercado local, eso indudablemente atraerá inversión extranjera y va provocar una presión a la baja del dólar", añadió Latorre.

El economista de la casa de Bello coincide, señalando que, "tras el terremoto va a ver un fuerte gasto fiscal, probablemente usando los recursos del fondo de estabilización (del cobre) que se va a lanzar al mercado y eso es lo que ha estado dominando los últimos días, yo creo que estará la tendencia del dólar a la baja".

Al ser consultado por el rango en que se moverá la moneda estadounidense, el docente de la Universidad Central declara que "no me extrañaría ver un dólar, más bien, circulando en el patio de los $ 480 a $500 de aquí a los tres meses siguientes".

Ante este panorama futuro, Ramos espera que se tomen medidas "creo que, en algún momento, será necesaria la intervención del Banco Central para que compre dólares, si es que Chile ingresase dólares a través del fondo de estabilización, yo recomendaría que el BC los acumulara en reserva y, de esta manera, no afectara en el precio de la divisa", puntualiza.

Esta medida, por la sencilla razón que, con la divisa bajo los $ 500, no es posible alcanzar niveles de crecimiento importantes durante este año, puesto que para alcanzar esa meta, sectores como las exportaciones tienen que crecer en volumen sobre el 7%, "entonces, un dólar bajo, no permitirá la expansión de nuevos negocios en el sector", finalizó Joseph Ramos.

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Ingenieros defienden "resistencia" de carreteras y edificios chilenos frente a la mayor catástrofe de la historia

Que sólo un edificio colapsara en todo Chile -en la ciudad de Concepción- confirmaría que la norma vigente se cumple, sostienen. La ley sólo exige que las construcciones resistan sismos sin poner en peligro las vidas. Los casos de torres con fallas en Maipú o Ñuñoa, corresponden a "daño estructural", que está contemplado en la legislación, sostienen.

Pese a las terribles imágenes del edificio que colapsó en Concepción o de los que están a punto de sucumbir en varias comunas del país, Chile sorteó con éxito el terremoto. Ese es el diagnóstico de cuatro expertos, a casi una semana de producirse una de las mayores catástrofes naturales de las que los chilenos tengan memoria, la reacción que tuvo la infraestructura pública y privada frente al quinto sismo más grave en la historia del planeta.

"Acá se produjo una milésima de los muertos de Haití, a pesar de que fue un terremoto mucho más fuerte. El número de edificios colapsados -que no cayeron por completo y donde no se perdieron vidas humanas- fue sólo 1 en todo el país. El resto pudo tener fallas estructurales, pero no se cayeron. Todo eso da como resultado un balance económico muy exitoso", sostiene el presidente de IEC Ingeniería, Tomás Guendelman.

Aunque el también presidente de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales (AICE) admite que para "el dueño de un departamento que se cayó o tiene con fallas graves, o al que iba en auto sobre un viaducto que colapsó, obviamente la estadística es una falla del 100%".

Y agrega que "en un parámetro global, el terremoto refleja un muy buen comportamiento de la ingeniería chilena, pero obviamente los afectados sienten que esto los arruinó de por vida, lo que también es legítimo".

Coinciden con esta evaluación, Rodrigo Flores, gerente general de Metacontrol Ingenieros; el ex presidente de AICE, Rodrigo Mujica y el ingeniero civil y ex inspector fiscal del MOP en el túnel San Cristóbal, Carlos Uribe.

Desde un punto de vista filosófico, Guendelman sostiene que "no es el terremoto la catástrofe, sino lo que nos ocurre a los seres humanos por instalarnos en lugares donde ocurren estos eventos, como Chile, que por su geografía es un país muy sísmico. Los terremotos son partos de la tierra, como cuando se creó Hawai o Isla de Pascua", dice en la analogía, agregando que los partos generan alegría, pero también "llanto, sangre y dolor".

Añade que a diferencia del terremoto de 1985, esta vez las ondas generadas por el sismo fueron de baja frecuencia, lo que dañó más las estructuras de altura.

Rodrigo Flores explica que este terremoto liberó 30 veces más energía que en 1985, por lo que la demanda estructural fue mucho mayor, al igual que la que han generado las fuertes réplicas posteriores.

Al hacer el frío análisis económico, Chile también sale bien parado: el costo de este terremoto se calcula en unos US$30 mil millones, mientras que en el de Kobe, Japón, fue de US$100.000 millones .

No obstante, todos los expertos son bastante críticos de las fallas en la red de servicios básicos o "lifeline", que incluye telecomunicaciones, energía, agua y rutas.

"La comunicación vial, radial y telefónica debe tener una exigencia mucho mayor que el resto de la infraestructura para estos casos", apunta Uribe.

"La norma chilena es excelente y está demostrado con lo que pasó"

-¿Por qué en una misma comuna y con la misma norma, como Maipú, algunos edificios colapsaron y otros no?

-Mujica: Recordemos el caso de México en 1985, donde edificios modernos, magníficos y recién hechos quedaron destrozados, mientras otros de 150 años no sufrieron sin ningún daño. Por eso no se puede concluir tan fácilmente que un proyecto es mejor que otro, porque uno quedó bueno y el otro malo. Hay que estudiar uno a uno los casos.

-Guendelman: Hay un libro llamado "La soledad de los números primos" que dice: "no tratemos de explicar lo que está más allá del límite a partir del cual las cosas toman decisiones por sí mismas". Uno puede controlar todo lo que está bajo el dominio del ser humano, pero desde ese punto hacia allá, las cosas ocurren por sí mismas.

Uno puede ir manejando, tener la revisión técnica al día, tener documentos al día, estar en absoluta sobriedad, pero viene una persona borracha desde el otro lado y te choca de frente. Eso está fuera de tu control. Esas cosas se pueden explicar post mortem y a través de la ingeniería forense. Desde el punto de vista nacional, es un progreso tener un sismo, porque es un laboratorio natural.

-Flores: Los métodos de cálculo son procedimientos, que tienen una base científica y hablan en el lenguaje de las matemáticas, pero no son capaces de compenetrarse con la física misma del fenómeno. Entonces hay una serie de simplificaciones que hace el ingeniero para poder trabajar. Si uno diseñara las estructuras elásticamente, como se hace con los reactores nucleares, todos los edificios serían unos bunkers y la experiencia nos ha enseñado que no es necesario construir bunkers para que las cosas anden bien.

En estos momentos la norma chilena es excelente y está demostrado con lo que pasó.

"En una cadena, algún eslabón tiene que romperse...."

-¿Pero si hay normas, porqué unos se colapsan y otros no?

-Flores: Si se caen pocos, está dentro de los porcentajes.

-Guendelman: Si se estira una cadena compuesta de eslabones fabricados en una máquina, sin intervención humana y con el mismo material, llega a un punto en el cual se rompe: ¿En cuál eslabón se rompe?, ¿por qué no se rompen todos al mismo tiempo si son iguales?, ¿estaba mal hecho ese eslabón?. Evidentemente tuvo algún defecto constitutivo que lo hizo fallar en forma precipitada, pero ¿cuánto le faltó al otro para fallar?. ¿No será que el que se cortó liberó a los otros de su responsabilidad?.

-Uribe: Según mis conocimientos, un terremoto no opera igual 10 metros más allá o 10 metros más acá. Las ondas no vienen distribuidas para todos por igual y también hay un tema de suelos.

-¿Es confiable el diagnóstico que pueden hacer los ingenieros de las empresas cuyos edificios presentaron problemas?

Mujica: En la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales hemos recomendado que el primer informe lo haga quien conoce bien el edificio. Esa es la persona que hizo el proyecto: él sabe cuánto resiste, cuáles son los elementos principales, los momentos débiles, etc.

Yo no hago informes si nos los hace primero el ingeniero que hizo el edificio. Ahora, en una segunda opción, y considerando que el propietario puede desconfiar, habría que tomar el informe que hizo el primero y entregárselo a otro ingeniero estructural para que lo revise y lo vise.

Conociendo la confiabilidad de los ingenieros chilenos, lo más probable es que lo va a mirar, lo va a encontrar bueno y le hará un par de observaciones para mejorarlo. Después conversará con el ingeniero original para llegar a un acuerdo.

-¿Cuáles son las principales diferencias entre este terremoto y el del '85?

- Guendelman : Este sismo tiene una connotación muy diferente al del '85. En ese evento, el conjunto de ondas llegó prácticamente intacto desde el hipocentro y con ondas de alta frecuencia que dañaron las estructuras bajas y provocaron pocos daños en los edificios en altura.

En 1996 se modificó la norma, y se buscó proteger a las estructuras de menor altura más allá de lo que se exigía, privilegiando las construcciones en altura. Sinceramente le dimos un poco de "manga ancha".

Pero en este terremoto, sólo llegaron ondas de baja frecuencia que excitaron a los edificios de altura por la mayor distancia con el hipocentro. Por eso vimos que mientras a la mayoría de los edificios bajos no les pasó nada, a quienes estaban en el piso 15 de un edificio de 25 pisos se les cayó todo.

Diferencia de suelos en Santiago, la "madre del cordero"El presidente del colegio de ingenieros calculistas, Tomás Guendelman , explica que "hay estructuras que tienen mayor capacidad de dispersión de energía como un edificio, que tiene 15 muros de base. Si falla uno, no cae toda la estructura. En cambio en los puentes hay mayor vulnerabilidad, por falta de capacidad para disipar energía al tener menos bases". El ex timonel de la entidad, Rodrigo Mujica, asegura que en general la infraestructura vial respondió bien dada la magnitud del terremoto, ya que en Chile hay más de 80.000 puentes, y colapsaron "sólo unos pocos", lo cual no deja de ser grave y necesita estudiarse.

El ex fiscal del MOP, Carlos Uribe, cuenta que las carreteras concesionadas en general resistieron bien, porque hay incentivos para las empresas que realicen obras incluso sobre la norma. "El ministerio impulsa a los privados a cobrar por los autos que pasan. L o que vendrá para Vespucio Norte no es fácil: deberán dejar de cobrar por tramos, llamar a los seguros con sus correspondientes liquidadores; un año sin flujo en un tramo".

"Los puentes son estructuras, y como tales deben ser aprobados por la dirección de vialidad. Aunque se desarrolle el contrato por concesión, y ellos garantizan que lo que se construya está de acuerdo a la normativa chilena. No obstante eso, los estudios de suelo son esenciales, porque en Santiago tenemos suelos muy distintos, y ahí siempre estará la "madre del cordero" en materia de edificación", afirma Mujica.

Y agrega que para analizar por qué fallaron algunas estructuras existe "completa trazabilidad en la información sobre la aprobación del proyecto, desde su presentación hasta las modificaciones que pudo sufrir".

"Recetas" para empezar la difícil reconstrucción-¿Cómo se reconstruye el país pensando que en algún momento habrá un nuevo terremoto?

Mujica: Hay que pensar en aislación y amortiguación. En Estados Unidos y Japón nadie piensa en hacer un hospital sin considerar estos factores.

La amortiguación sísmica, que reduce entre un 30% y un 50% la vibración de los edificios, ya está lo suficientemente desarrollada como para exigirla en nuevos proyectos.

No hay que descuidar esto, sobre todo en los edificios públicos. ¿Cómo es posible que las municipalidades, las cárceles, los cuarteles de bomberos y de la policía estén destruidos?

Uribe: Lo que primero se necesita para la reconstrucción es confianza: en las nuevas tecnologías, en que tenemos profesionales ultra capacitados en las empresas. También tiene que haber prudencia y no sobreexigir, porque nunca vamos a tener 0% de riesgo.

Cuando liciten los próximos hospitales, no sé si el factor de triunfo deba ser el precio más bajo, porque ahí deja de ser competitivo el señor que cobra un 3% más caro para poner aislación. Un hospital no se puede caer el día que se necesita.

Y en lo que es infraestructura vial, no podemos pasar 2 años con las carreteras cortadas. Hoy se puede actuar con rapidez y precisión al mismo tiempo.

Flores: Las normas tienen que hacerse más completas, pensando en lo físico del sismo. En este momento son muy tecnológicas, pero debe entenderse la mecánica física de los fenómenos.

Por ejemplo, el riesgo o peligrosidad sísmica que se utiliza en las normas chilenas es menor a lo que se conoce en publicaciones extranjeras sobre nuestro territorio. Estamos muy bajo lo que se sabe en esos estudios, que no sólo se basan en modelos matemáticos, sino que en mediciones satelitales y de consensos de geólogos. Esos niveles de riesgo, se usan hoy en Chile para construir proyectos industriales grandes y peligrosos del país, como los terminales de GNL.

Esto no significa sólo hacer estructuras más fuertes, porque también debe reconocerse otros factores, como la interacción de la estructura con el suelo.

-¿Eso significa que el costo de las viviendas se elevará?

Flores: No necesariamente, porque podremos discernir con mayor precisión sobre problemas más concretos, porque en la medida en que uno consolida todo en un sólo coeficiente se hace más fácil entender el fenómeno.

-¿Pero se encarece mucho una construcción que cuenta con amortiguadores?

Mujica: No más de 3% a 5% respecto de su costo original.

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Crónica de un desastre anunciado: U. de Chile advirtió el terremoto y la necesidad de investigación

El rector y sismólogos de nuestra casa de estudios denunciaron que las autoridades hicieron oídos sordos al anuncio que en 2007 hicieron de este terremoto, con asombrosa exactitud, y a los requerimientos de recursos para investigación, desarrollo y trabajo en esta área. "Es como si no fuéramos un país sísmico”, lamentó Víctor Pérez.

Víctor Pérez, rector de la Universidad de Chile, aseguró que nuestra casa de estudios advirtió, por medio de un informe de especialistas emanado el año 2007, sobre la posibilidad de un terremoto de 8,5 grados en la costa entre Constitución y Concepción.

La máxima autoridad universitaria hizo hincapié, en compañía de académicos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, en la necesidad de asumir con seriedad que Chile es un país sísmico y que “se requiere instrumental a lo largo de todo el país, la formación de mucha gente y que se esté trabajando en las universidades”.

“Nosotros venimos planteando ese requerimiento hace muchos años atrás. De a poco se van dando recursos, pero son pocos. Es como si no fuéramos un país sísmico”, lamentó Pérez.

El rector se manifestó optimista respecto de las medidas que puedan tomar las nuevas autoridades de gobierno para que se cree un proyecto de trabajo, desarrollo e investigación sísmica. De esa forma, se podría contar con la información y los técnicos necesarios para enfrentar este tipo de catástrofes.

Predicciones certeras

Los expertos del Centro de Investigación Internacional de Terremotos de la Universidad de Chile, junto a científicos franceses, realizaron estudios desde la década de 1990 en la zona de la catástrofe.

Uno de los frutos de este trabajo es un estudio del año 2007, que fue publicado en 2009, cuyas mediciones determinaron que las placas se movían a una velocidad de 68 milímetros por año, movimiento que se venía acumulando desde el último gran sismo de 1835. Ello, debido a que el terremoto de Chillán en 1939, aunque de gran intensidad, su origen no radica en la subducción de placas, por lo que los investigadores alertaban sobre una “laguna sísmica” en la región. Es decir, falta de movimientos sísmicos en la zona.

El peor de los escenarios considerados por el estudio era el de un sismo de 8,5 grados, con una convergencia de 10 metros. Finalmente, el pronóstico se cumplió casi con exactitud, pues el terremoto tuvo un desplazamiento de ocho metros y una intensidad de 8,8 grados Richter.

El director del Centro de Investigación Internacional de Terremotos de la Universidad de Chile, doctor Jaime Campos, fue enfático en señalar que, hace aproximadamente diez años se dieron a conocer los resultados de las investigaciones a la Comisión de Ciencias del parlamento y a las autoridades de la época.

“Hicimos ver las amenazas que habían y que si no se tomaban medidas como mayor ciencia e instrumentación adecuada para el país más sísmico del mundo, estábamos retardando una decisión que podía tener consecuencias graves”, aseguró Campos.

El experto coincidió con el rector en la falta de especialistas y desarrollo en torno a la materia. Así como también, en la necesidad de instruir a la población respecto a los sismos y la cultura preventiva que amerita.

Los ojos ahora están puestos en la otra laguna sísmica, el norte de Chile, donde un terremoto se estaría incubando. No obstante, el sismólogo descartó que existan actualmente las herramientas suficientes para determinar cuándo, dónde y con qué magnitud ocurriría.

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Teletón: Mensaje final de Mario Kreutzberger

Mensajes de Piñera y Bachelet

Piñera



Bachelet

ACLARACION: Este blog no es antiperuano ni nacionalista chileno. Este blog simplemente recopila y (a veces) comenta sobre artículos recopilados en la prensa nacional y mundial y que involucran a Chile. Si parece "cargado" hacia Perú, simplemente, es resultado de la publicación constante -y obsesiva- en ese país de artículos en que se relaciona a Chile. Así también, como ejemplo opuesto, no aparecen articulos argentinos, simplemente, porque en ese país no se publican notas frecuentes respecto Chile. Este blog también publica -de vez en cuando- artículos (peruanos o de medios internacionales) para desmitificar ciertas creencias peruanas -promovidas por medios de comunicación y políticos populistas de ese país- sobre que Perú ha superado el desarrollo chileno, lo que es usado en ese país para asegurar que Chile envidia a Perú y que por eso buscaría perjudicarlo. Es decir, se usa el mito de la superación peruana y la envidia, para incitar el odio antichileno en Perú.